Frontera USA – México. Expulsiones deshumanas y peligrosas

Ignacio Rusell, 21 de abril de 2020

El despreciable Donald Trump está aprovechando la emergencia sanitaria para rechazar a los inmigrantes que llegan a la frontera estadounidense, incluidos los solicitantes de asilo. Algunos son deportados al país centroamericano de origen en vuelos en los que no hay ninguna garantía de que no se conviertan en vehículos de contagio de Covid-19. Otros son deportados por las autoridades mexicanas al sur del país, amontonados a lo largo de la frontera con Guatemala, a su vez cerrada a causa de la pandemia.
Es una inmigración forzosa del revés que lleva consigo riesgos mortales para miles de mujeres, hombres, niñas y niños, expresión de la inhumanidad de los Estados.
Desde siempre nuestra especie se ha desplazado por tierra y mar movida por la búsqueda de una vida mejor y para escapar de desastres naturales o epidemias como la que está en curso; los Estados y los poderes opresivos se contraponen a estas esperanzas y a los desplazamientos humanos en la medida en la que escapan de su control y no responden a sus intereses. Y, por el contrario, los inmigrantes pueden encarnar una posibilidad de mejora para todos. Es una consideración que por otro lado podemos sacar de un simple hecho: más de doce millones de inmigrantes presentes en los Estados Unidos trabajan en la sanidad o desempeñan servicios esenciales, tan valiosos en la lucha contra el coronavirus.