Ante el descontrol de la pandemia ante la irresponsabilidades del gobierno autonómico y central. No a la represión, extremar las medidas de seguridad, la solidaridad y la responsabilidad

La que llaman ya la segunda ola de la pandemia coloca a las personas de gran parte del territorio del Estado español en una situación extremadamente complicada y no solo desde un punto de vista sanitario sino también económico, psicológico, sentimental.

En una situación de descontrol general, el caso de la Comunidad de Madrid es el más destacado: la media es de 755 contagiados por cada 100.000 habitantes frente a las 286 del resto del territorio español (en base a datos de los últimos 15 días publicados ayer en RTVE.es), las voces que llegan de los hospitales hablan de UCIs al límite de su ocupación, y la capital, Madrid, es la que tiene la mayor incidencia de toda Europa. Las responsabilidades del gobierno de la Comunidad son obvias: pese a que desde agosto se veía que la situación era preocupante ni ha reforzado la sanidad, ni ha proporcionado más pruebas diagnósticas, ni ha creado un sistema de rastreo adecuado, ni se han abierto lugares dignos para pasar la cuarentena a quien no tiene donde hacerlo. A última hora ha tomado una serie de medidas con un claro sesgo discriminatorio: limitar la movilidad para todo lo que no sea trabajar, realizar trámites o acudir a centros educativos o cerrar parques y zonas verdes para impedir paseos, bajo pena de elevadas multas, en 37 distritos sanitarios (que probablemente se duplicarán en los próximos días). Golpean a los barrios con mayor tasa de pobreza y más olvidados desde siempre desde un punto de vista de los servicios, con peores condiciones de vivienda y mayor uso del transporte público, que no ha visto ningún refuerzo y, como se ha denunciado hasta la saciedad, continúa atestado. La criminalización de las personas que viven ellos es descarada: se señala permanentemente a quienes hacen botellón en los parques o a las personas inmigrantes, a cuyo “estilo de vida” ha llegado Ayuso a cargar la responsabilidad del aumento de contagios. En esta línea va la petición de ayer al gobierno central de refuerzo policial y militar urgente para controlar estas zonas. Nos solidarizamos con todos sus vecinos y nos unimos a las exigencias de refuerzo de la sanidad pública y también de la educación, como están reclamando a través de huelgas los propios trabajadores y trabajadoras. Denunciamos al gobierno de la Comunidad de Madrid que adereza todo con declaraciones llenas de ignorancia, racismo, clasismo, estigmatización hacia las personas comunes y desentendimiento de sus responsabilidades, mientras señala insistentemente al Gobierno central. Un Gobierno, en todo caso, también responsable: basta pensar en que nueve de cada diez solicitantes del Ingreso Mínimo Vital no han recibido aún respuesta y que muchas de las ayudas económicas prometidas para hacer frente a la pandemia no llegan, siendo ya escasas en su propuesta.

Su miseria moral queda más en evidencia que nunca, y por eso alertamos del peligro de esperar de ellos una respuesta adecuada y de conjunto, una espera que solo puede contribuir a aumentar la delegación y resignación. Su decadencia se ve en la incapacidad de comprender y responder a las exigencias más elementales de vida de la inmensa mayoría de las poblaciones, y lejos de revertirse, esta dinámica irá a más. Es una decadencia que cala en parte de la población en forma de individualismo, insolidaridad y actitudes irresponsables, entre quienes brillan los sectores que niegan la existencia del virus o la eficacia de las mascarillas, y que se han manifestado recientemente en Madrid y otras capitales.

Y sin embargo, la situación es preocupante. Por ello, más que nunca y en total independencia de las medidas represivas de poderes de todo tipo, reforcemos las medidas de seguridad que los especialistas nos recuerdan. Por nosotros y nosotras, por las personas que están alrededor y por los profesionales que en condiciones más precarias aún si cabe continúan cuidándonos, es importante acentuar la atención: usar
correctamente la mascarilla, mantener el distanciamiento, extremar la higiene, reducir todo lo posible los desplazamientos, evitar lugares poco ventilados, exigir en los trabajos y centros de estudios el cumplimiento de las precauciones, y hablarnos, escucharnos con nuestras personas para sentirnos unidos y unidas.

Nosotros y nosotras seguiremos reflexionando en común, como hemos hecho a lo largo del confinamiento y después, para hacer crecer nuestra conciencia, para asentar hábitos de vida sanos, para afirmarnos sustrayéndonos a los poderes opresivos sin dejar de
denunciarlos ni de estar con la gente común en las luchas por la dignidad y la justicia. Te invitamos a hacerlo con nosotros y nosotras.