Atentado en París. Contra el terrorismo, por la libertad de expresión.

El pasado 25 de septiembre un atacante ha herido gravemente a dos personas cerca del edificio que hace un tiempo alojaba la redacción del semanal Charlie Hebdo.
La solidaridad con las víctimas va junto a la denuncia implacable contra toda forma de terrorismo, en este caso de matriz islamista.
Este último hecho de sangre está relacionado con los atentados que sacudieron a la capital francesa en enero de 2015 –por los que justamente estos días se celebra el juicio– provocando numerosos muertos y heridos. Entre las víctimas, se encontraban casi todos los periodistas del semanario, convertido en blanco del terrorismo islamista por haber publicado viñetas satíricas en relación a Mahoma: los atacantes toman el fusil y empuñan el cuchillo contra quien tiene en sus manos un lápiz o un bolígrafo.
El respeto hacia los creyentes no es un atenuante para el terrorismo asesino: no existe ofensa que pueda justificar la furia homicida; la más amplia libertad de crítica y sátira, incluso contra divinidades y religiones, se tiene que reivindicar y defender activamente. Es la vida misma de los periodistas la que hay que defender, bajo ataque en muchos países del mundo, amenazada por terroristas, poderes estatales y mafias.