La reciente muerte de Orlando Zapata tras 85 días de huelga de hambre para exigir que se acabasen las palizas que sufría, los continuos traslados de prisión en prisión, se le diese la comida que le acercaba su madre, se le reconociese con una bata blanca su condición de prisionero de conciencia… exige una toma de posición neta y clara, sin peros ni excusas contra el régimen de los generalísimos hermanos Castro. Tomar posición sobre todo con su lucha, su dignidad que nos ha llegado después de su muerte porque también aquí hay una cierta censura, la que interesa a los poderes estatales y mediáticos. Tomar posición y reflexionar, porque ésta puede ser sólo la punta del iceberg de una respuesta subterránea contra el régimen cubano que preconiza y defiende un socialismo stalinista y cruel, como aprendió de sus amigos rusos, albaneses o los chinos actuales. La muerte de Orlando tristemente pone en evidencia lo que ocurre en la tan dorada Cuba de muchas izquierdas dominadas. En Cuba se encarcela, se tortura, se mata por reatos de opinión. Nadie puede disentir de lo que manda el partido y el Estado.
El cinismo es también fruto del miedo y la debilidad de este régimen en crisis, pero expresa la división que vive el país. Cínicos como el gangster de la policía política que cuando Orlando Zapata agonizaba le dice a su madre, Reinalda Luisa: “Les tengo una noticia buena y una mala: la buena es que está en el hospital Ameijeras; la mala es que se está muriendo”.
Orlando Zapata les ha contestado a través de una dignidad irreductible en sus convicciones morales. Y por ello ha muerto frente a la prepotencia e impunidad del conjunto del sistema carcelario, militar, periodístico y político cubano. En Cuba los medios oficiales (Gramma o Juventud Rebelde) no han dejado que se filtrase nada acerca de la muerte de Zapata. Ni siquiera las cínicas palabras del generalísimo Raúl Castro: “Lamento su muerte, pero en Cuba no existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo.” La policía política y el ejército han tomado las calles de Banes, la localidad natal de Zapata, para evitar cualquier tipo de manifestación pública de disidencia. Custodiando un cadáver y el dolor humano ante la muerte de un ser querido, se expresa mucho acerca del miedo que siente el régimen ante su futuro inmediato. Mientras escribimos estas líneas otros cuatro presos de conciencia y un periodista independiente se han puesto en huelga de hambre. A ellos va nuestra solidaridad humana y cercanía.
Mientras Zapata moría, Lula estaba en la Isla entrevistándose y abrazándose con los hermanos Castro. Zapatero en un primer momento lamentó la muerte (no condenó, al modo que la izquierda abertzale utiliza su retórica frente a los atentados de ETA) en un mensaje fugaz y con prisa de cambiar de tema… La lectura de artículos de opinión de los abyectos defensores del régimen cubano, que se llaman de izquierdas, produce repulsión moral y humana. Gentes que en sus delirios ideológicos justifican cualquier tipo de atrocidad.
Nuestra solidaridad y esperanza van dirigida a las cubanas y cubanos que en los próximos años buscarán de modo tortuoso y laberíntico su liberación frente a un régimen que ha concentrado su verdadera naturaleza en la muerte de Orlando Zapata. Nuestras esperanzas y búsquedas de liberación son las de un socialismo revolucionario auténtico, un socialismo humano, pero el socialismo no se decreta ni se impone, es inseparable de la auto determinación y libre elección de las personas. Lo contrario de la brutalidad dictatorial que expresa el régimen de los hermanos Castro.
Madrid 27 de febrero de 2010. 13,00 horas
