El miércoles 10 de diciembre en Madrid y Barcelona tuvieron lugar sendas manifestaciones como protesta frente al asesinato a manos de la policía griega del joven de 15 años Alexandros Grigoropoulos. Ambas manifestaciones acabaron con enfrentamientos con la policía. En la manifestación de Madrid, estos enfrentamientos se produjeron frente a la Comisaría de la Policía Municipal de la calle Montera.
Como resultado final de dichas manifestaciones hubo diversos daños en mobiliario urbano y en la Comisaría de la calle Montera, y once detenidos. Nueve en Madrid y dos en Barcelona.
Para siete de los detenidos en Madrid, mayores de 18 años, el fiscal del Estado llega a pedir hasta 6 años de prisión. Por desordenes públicos y atentado a la autoridad. Nuestro rechazo frente a esta amenaza de punición por parte del Estado no puede ser más claro. Se piden hasta 6 años de cárcel por romper unas lunas de una comisaría al mismo tiempo que este Estado deja libres a violadores y asesinos de mujeres, se detienen hermanos inmigrantes por doquier o el Estado español vende armas a Israel para asesinar a centenares de palestinos.
Ahora bien, dicho esto de un modo neto, nos gustaría realizar una reflexión sobre el insurreccionalismo como teoría y práctica “radical”, como concepción no casualmente político-militar. Nuestro rechazo no puede ser más frontal. No se avanza ningún centímetro en las aspiraciones de bien, justicia y libertad a través de estos medios que se convierten en un fin en sí mismo. ¿Se destruye el Estado rompiendo la luna de una comisaría? ¿Al capital financiero atacando un cajero automático? Nosotros afirmamos de un modo claro y conciso, no, mil veces no. Este tipo de métodos son expresión de una rabia ciega y muda y son enormemente dañinos para quiénes los practican, además porque lo sufren ellos mismos en primera persona, y para todo movimiento de emancipación que no sepa distanciarse firmemente de ellos. El sistema de opresión bajo el que vivimos se reproduce sobre la base de una red de hábitos y costumbres que se fundamentan en una servidumbre voluntaria de la población. Y sobre esta base es también un sistema de dominación militar. Pero no se puede considerar que el Estado sea sólo un estamento represivo. Para nosotros, siguiendo las elaboraciones de la Corriente Utopía Socialista, vivimos bajo la opresión de un sistema democrático global. Y la forma democrática es más útil para los opresores precisamente porque oculta mejor, hace partícipes a las personas de la misma opresión. Por ello nuestra tarea esencial, como socialistas libertarios, es trocar afirmativa y positivamente esta conciencia en una conciencia que busque firme y obstinadamente un bien común universal y duradero, es un fin que tiene que germinar conscientemente en las personas, a partir de su protagonismo, su voluntad y sus elecciones. Es un fin socialista muy distinto de una concepción insurreccional que busca “despertar” a los oprimidos a través de la “luz iluminadora de la violencia”, una concepción de clara matriz militarista, burguesa, jacobina.
Es una reflexión que nos parece urgente y necesaria. Y que nosotros queremos realizar de modo decidido recordando las palabras de una maestra de la liberación socialista como fue Rosa Luxemburg:
“En las revoluciones burguesas el derramamiento de sangre, el terror, el crimen político eran las armas indispensables en manos de las clases ascendentes. La revolución proletaria no necesita del terror para sus fines; odia y repugna todo atentado contra la vida humana. No necesita de este medio de lucha porque no combate a los individuos, sino a las instituciones, porque no salta a la palestra con ingenuas ilusiones, cuya decepción tuviera que vengar cruelmente. No es el desesperado intento de una minoría de modelar el mundo a base de violencia de acuerdo con su ideal, sino la acción de las millonarias masas populares…”.
Una reflexión importante que va en consonancia con nuestra más firme defensa de la libertad sin cargos de estos compañeros detenidos.
Madrid, 30 de diciembre de 2008.


