
EDITORIAL: Frente a la crisis y la emergencia humana, construir una nueva solidaridad entre las personas.
La crisis económica provocada por los grandes capitales y los Estados, tiene una dimensión planetaria porque vivimos en un mundo donde el capital está también globalizado. La crisis ha llegado súbitamente a los países occidentales ocasionando la precariedad y la pérdida de trabajo a millones de personas, y ha golpeado con más fuerza a los países más pobres y expoliados, y a los sectores de población más desfavorecidos, como los inmigrantes y los sin papeles. Los comedores sociales y los albergues para los sin hogar se han saturado en las metrópolis imperialistas y la sensación de precariedad y de incertidumbre se hace palpable entre las personas.
Mientras tanto, los responsables de la situación, los usureros y ladrones de los grandes capitales, de los Estados, de los burgueses en general, no han trastocado su nivel de vida, sus gastos desmedidos, sus excesos de lujos y mezquindad. Son enemigos de la humanidad en cuanto que responsables directos o indirectos de millones de muertes por hambre, de pandemias, de desolación, pero también, porque no son las personas la prioridad, sino las grandes propiedades. No digamos ya para el Estado cuya primera razón de existencia ha sido precisamente defender las posesiones de los grandes propietarios.
Y, a propósito, estas propiedades han debido usurparse en algún momento de la historia, porque las riquezas no son genéticas. Si vamos al origen de las más importantes familias económicas, incluyendo la nobleza, la Monarquía y la Iglesia, veremos como éstas historias están teñidas de vergüenzas inconfesables.
Las leyes también sirven a los intereses de los más ricos. Y así ocurre que nos encontramos con despropósitos legales como la cárcel para los chicos que robaron una pizza en Madrid, o los años de encarcelamiento, tipificados por el nuevo código penal, de los top manta, los inmigrantes detenidos por atentar “contra la propiedad intelectual”.
La respuesta a esta situación no vendrá de la política y de los Estados, y menos aún de los grandes capitales. Todos ellos son responsables de esta situación. La respuesta no llegará de los sindicatos tradicionales, ocupados en tranquilizar a empresarios y gobierno de que aquí no pasará como en Francia, que en estos días está viviendo una huelga general. Movilizarse, protestar, salir a la calle es imprescindible, pero no con los cánones clásicos, que han dividido tantas veces a las personas afectadas (por ejemplo a trabajadores/as autóctonos e inmigrantes; a parados y activos, a jóvenes y adultos, a trabajadores/as fijos y temporales...).
Movilizarse es importante pero no es suficiente para resolver los problemas. Quizás tengamos que pensar en una manera de vivir en comunidad, de aprovisionarse víveres, de compartir bienes, de solidarizarnos, de invertir en sueños y posibilidades de emancipación y libertad, de construirnos en común, aun en tiempos de crisis donde impera el miedo y el egoísmo, el provincianismo y el individualismo como contradicciones de los que sufrimos la crisis, como está ocurriendo en Londres con la huelga de trabajadores contra los contratos a extranjeros. Quizás podemos construirnos como personas mejores y no renunciar a nuestro altruismo y generosidad. Es lo que tratamos de explicar en nuestro díptico de campaña financiera y lo que tratamos de desarrollar con un proyecto independiente de los Estados y las instituciones y por completo autofinanciado.
Anabel Cubero, 31 de enero de 2009
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