
En todos los momentos y lugares, union antirracista.
Ni siquiera le acercó a la puerta del hospital el empresario de Gandía: le dejó a cientos de metros, advirtiéndole a Franns, un joven boliviano, que no dijese dónde se le había amputado el brazo trabajando... sin papeles, sin contrato, más de diez horas al día, sin garantía de sueldo, siendo además mísero. Esta es la realidad de millones de personas, y aún más hoy día por la crisis económica y los masivos despidos. Pero esta situación de explotación se hace más represiva y opresiva para todos aquellos, y especialmente todas aquellas, que son inmigrantes, donde la procedencia distinta, el habla o la cultura diferente, se vuelve el motivo de mayor represión, exclusión y opresión.
No es sólo explotación, es racismo. Es el que están fomentando las cada vez más represivas leyes de la UE y del gobierno de Zapatero, con la nueva reforma de la ley de extranjería. En las pasadas elecciones al parlamento europeo –cada vez menos participativas– ha habido un total silencio por el acuerdo sobre las nuevas propuestas de reforma en consonancia con las adoptadas en Bruselas: el aumento de los días de internamiento en los CIES, la expulsión de menores o la casi imposibilidad de reagrupación familiar, la penalización de la ayuda al inmigrante “ilegal”. El problema no es esta reforma o la anterior, o esta ley o tal partido: la cuestión es que toda ley de extranjería es racista, levanta fronteras y comporta la muerte: esta es la naturaleza inamovible de todo Estado.
Es la respuesta, cada vez más represiva, de la UE y del Estado español frente a los millones de personas que buscando una vida mejor ponen en crisis el modo tradicional de relacionarnos y agregarnos.
Pero la realidad humana no es sólo ni principalmente el gris y mortífero perfil político, ni este es el punto de partida. Aquella tiene muchas otras realidades aunque sean de una gran minoría: la de quienes no se rinden nunca por gritar por la vida frente a ese carácter asesino de todo Estado; la de quienes no callan frente al racismo y no distinguen entre “legales e ilegales” y luchan por papeles para todos; la de quienes reaccionan individualmente frente a comentarios o actitudes racistas; la de quienes se juegan la vida por salvar otras en los cayucos; la que quienes se solidarizan y se organizan altruistamente; la extendida y poco conocida red solidaria de tantas asociaciones, colectivos o asambleas como la de Papers i Drets per a Tothom en Barcelona… Muchos de vosotros, de nosotros, conocemos (o somos) quienes eligen reaccionar así. Yes muy importante conocer estas realidades para incentivarlas. Como las movilizaciones y plataformas contra los CIE, que en Madrid se manifestarán el 20 de junio.
Ese empuje humano altruista que anima positivamente esta reacción solidaria, que se percibe cercano a los otros y a las otras aunque no se conozcan directamente, surge por un sentido de justicia frente al atropello injusto, por el derecho a vivir y a moverse libremente, porque todos somos personas mucho antes que ciudadanos: por distintas razones que animan un compromiso individual o colectivo, parcial o momentáneo en el tiempo y dedicación, pero antirracista como sentido general.
Este soplo antirracista contrarresta al existente y difundido racismo popular. Vivir el antirracismo como un posicionamiento permanente y cotidiano que anime todas las relaciones con nuestros amigos y familiares, compañeros de trabajo y desconocidos, es una posibilidad y necesidad: puede ser una lógica que busque afirmar el ser antirracista como posible principio de unión y de actuación, de primar lo que nos une. Y lo que más nos une es, en primer lugar, que todos y todas somos parte de la misma humanidad. Una lógica de unión antirracista que requiere afirmarse contra el racismo popular e institucional extendido, expresarse social y unitariamente, que una a todos aquellos y aquellas que posiblemente busquen un modo de cambiar la vida a mejor, en el sentido de una sociedad más abierta y plural, libre.
Animar esta reflexión y compromiso en la vida cotidiana, las iniciativas y reacciones antirracistas por la libre circulación y acogida plena, contra los CIES y leyes de extranjería, que alimente el desarrollo de una conciencia de unión antirracista permanente en estos momentos en clave antiestatalista, son parte y tarea de los colectivos libertarios antirracistas a los que estamos dando vida como parte de la construcción de Socialismo Libertario.
14 de junio 2009
Lucas Fenollar
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