
EDITORIAL: Al lado de las mujeres por su libertad y autodeterminación
Identificar, desvelar y denunciar la violencia patriarcal, cotidiana e histórica, en la humanidad y en el hacerse particular de cada lugar, es imprescindible y forma parte de una necesaria reacción y de un urgente cuestionamiento conciencial por parte de todas y todos. Y es un principio, un posicionamiento ético y moral, radicalmente distinto al que pregonan la Iglesia y los sectores más conservadores, por una humanidad diferente, autoemancipada y realizada, y por relaciones humanas, respetuosas, ricas y fructíferas. El ataque a las mujeres es un ataque a toda la humanidad por lo que significa, por los motivos negativos más de fondo, por las secuelas concienciales, por el lastre de siglos. Se ataca a la especie humana, a las características más nobles y complejas del género primero (1). Se ataca con saña, con el odio que despierta la envidia de la libertad, de la capacidad de concebir la vida humana, de la mayor disponibilidad y rodaje del cuidado, de la potencial superioridad en beneficio de toda la especie. La misoginia está relacionada con todo esto. Hay muchas expresiones patriarcales y en este país predominan como tales el odio y el rencor. Es un ataque a todos y todas y debemos responder adecuadamente, no delegando en la política y en los gobiernos, hablando del tema, posicionándonos, creciendo en la comprensión y en la búsqueda de una erradicación de este mal ancestral. La implicación de todos es muy importante pero será decisiva la reacción de las mujeres, la construcción de espacios femeninos y feministas pero, sobre todo, la construcción de feminismo revolucionario, el más radical porque va a la raíz, el que no delega en la política y el Estado, el que implica pensar en las mujeres más desprotegidas, el que se proponga como realización y superación de las mujeres, el que afronte tantos otros feminismos burgueses y reaccionarios (por ejemplo, el racista).
No estamos habituados y habituadas a ir al fondo de la lacra que significa el Patriarcado, y de lo que puede significar, para toda la humanidad, su derrocamiento, y sobre todo, no estamos habituadas a pensar en la fuerza, en el poder positivo que podemos ejercer para afirmar otra manera de vivir y de relacionarnos, para ser más libres, más autodeterminadas, más conscientes del bien que podemos ofrecer en general. Los 150 años de revolución feminista (2) que han hecho tambalearse al Patriarcado es algo en lo que nos podemos apoyar, sin simplificar, porque la situación actual de las mujeres y de los niños y niñas en el mundo, puede ser la peor que hemos vivido como especie. Y si no, pongamos sólo algunos ejemplos. ¿Es exagerado alarmarse y llamar a una conciencia mayor porque todos los años desaparecen (muertas, secuestradas, vendidas) más de 70 millones de mujeres y de niños y niñas en el mundo? ¿Cómo asimilar que la violencia, las agresiones sexuales, las violaciones se contabilizan por segundos en el mundo? ¿Cómo digerir el aumento de la pederastia sobre todo en Occidente y las redes internacionales que han construido un enjambre de terror?
¿Qué es lo que ha motivado a que una “manada de muchachos”, acorrale y ataque a dos jovencísimas mujeres, casi unas niñas, en el transporte escolar en Loeches (Madrid) ante la indiferencia del conductor? Pequeños machos, casi niños, de 12 a 14 años, aprendices de acosadores y premisa a futuros violadores –como la “manada” de violadores de este verano, o el grupo de hombres con la complicidad de algunas mujeres en la desaparición de Marta del Castillo–.
¿Qué significa para las víctimas en primer lugar, que madres y padres de los agresores, justifiquen o minimicen el daño que han hecho? ¿Cómo seguir argumentando como locura y desequilibrio a los asesinos de mujeres, a los maridos y novios, amigos y colegas, en este goteo permanente de asesinatos de mujeres, que ninguna ley podrá frenar?
El ataque a las mujeres llega de muchos frentes y tiene grados diferentes. Por ejemplo, es un ataque a la libre autodeterminación de las mujeres, de nuestros cuerpos y de nuestras vidas, lo que indicaba, lo que exigían en la manifestación contra el aborto del sábado pasado. La lógica y la violencia patriarcal, se encuentra no sólo en las posiciones más retrógradas de la derecha y de la Iglesia, de todo credo religioso, no sólo en los Estados y la política, y también en las izquierdas. Porque ser de izquierdas no es un antídoto al machismo y al patriarcado, como piensan los que interpretan todos los males por las condiciones económicas. Y encontramos esta lógica en la complicidad de muchas mujeres, madres, hijas, esposas… que defienden a sus hombres por encima de cualquier cosa. Romper esta lógica, romper la regla patriarcal es además de necesario, una magnifica manera de imaginar otra sociedad.
31 octubre 2009
Anabel Cubero
- Ver referencia en Letras US en SL 34, Sara Morace, Mayo 2009.
- Ver referencia en Lucy 2006, Revista de historia, antropología y feminismo.
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