
EDITORIAL:
Sería lo mínimo a conquistar, la libertad de expresión, la libertad de disentir, la libertad de opinar de manera diferente. La libertad que defendía Rosa Luxemburg, la socialista revolucionaria polaca, que criticando a los bolcheviques en 1917 decía que “la libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente”. No la libertad burguesa, que de todas maneras es una libertad que se contrapone a un bien común universal y duradero, una libertad que se escribe con las palabras enajenadas del Estado y la propiedad privada, de la explotación y de la opresión. En las democracias burguesas como sabemos, somos libres de votar, en todo caso, y de poco más. En este mundo la libertad se debe todavía conquistar en el sentido más pleno y profundo de la palabra. Porque la libertad para nosotros cobra todo su valor cuando está dirigida a la búsqueda del bien común. Los seres humanos no somos libres de vivir donde queramos porque existen las fronteras nacionales útiles al sistema. Muchas personas se organizan para abandonar sus lugares de origen en aras de una perspectiva futura mejor. En Cuba que no sólo no es una excepción de falta de libertad sino que desde siempre, y para una cierta izquierda, es un icono de “socialismo”, ya es todo un problema dejar la isla.
Toda la polémica que se ha creado alrededor de un tema tan importante como el legítimo derecho a luchar por la dignidad, que es lo que ha ocurrido y ha llevado hasta las últimas consecuencias Orlando Zapata, se ha enrarecido, sobre todo en los ambientes políticos, desde la izquierda más totalitaria hasta derecha más recalcitrante, pasando por las tibias declaraciones del Gobierno y compañía, porque hablamos de Cuba, o mejor dicho, del régimen cubano, y más precisamente, de la dictadura de los Castro. Nos ofrecen todos ellos dos alternativas igual de malas y muy parecidas: con la dictadura o con el imperialismo, y todo se reduce a esta cuestión, lo menos importante es el contenido, como siempre en política, en este caso la vida de Orlando y lo que nos indica su lucha respecto a las condiciones en las que viven las personas que no son afines al régimen, y de las posibilidades de una perspectiva de lucha por la libertad complicada, pero esperanzadora en la crisis del régimen cubano, en la división que ya existe en la sociedad, en las falsas alternativas democráticas imperialistas. Esperanzadora porque nos indica que la lucha por la libertad y la dignidad son exigencias y motivos de radicalización que no pueden cancelar ningún Estado, ninguna opresión. Así ha sido, así será porque forma parte de la afirmación humana por una vida mejor, más libre, más protagonista. Pero nada está escrito sobre el desenlace posible. Esto depende del pueblo cubano, pero también de los pueblos y de las personas que se hermanan, se solidarizan y se identifican con la lucha por la dignidad y la libertad de individualidades y de pueblos.
Queremos discutir y reflexionar juntos sobre todo esto. Por eso te invitamos a las charlas que estamos preparando sobre el tema y que se anuncian en el interior del periódico.
Anabel Cubero
Madrid, 6 de marzo de 2010
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