En Bangkok reina una calma aparente después de la dura represión operada por el Gobierno tailandés contra el movimiento llamado “camisas rojas”.
El balance de de dos meses de ocupación es muy duro: 85 muertos y más de 1900 heridos. El desalojo el fin de semana pasado del campamento, construido en pleno centro comercial de la ciudad, ha dejado otra vez huellas de lo que puede llegar a ser la violencia estatal. Pero a pesar de esto y de la confusión generada a la lo largo de estos meses alrededor de estos hechos, es importante ir al fondo para entender lo que está ocurriendo y lo que ha empujado a miles de personas a movilizarse para pedir, entre otras cosas, más democracia y la dimisión del actual primer ministro Abhisit Vejjajiva.
El actual Gobierno llegó al poder a través de un golpe de Estado en el año 2006. Los “camisas amarillas”, o sea los partidarios del actual Gobierno y de la Monarquía, boicotearon las elecciones siguientes e intentaron dejar fuera del poder a quien ahora es el punto de referencia para una parte de los camisas rojas: el multimillonario Thaksin Shinawatra. Mientras estuvo en el poder (siendo acusado también de violar los derechos civiles) promovió una serie de leyes a favor de las clases más oprimidas. Este es el motivo por el que le apoyan muchos campesinos ( que han recorrido miles de kilómetros para llegar a Bangkok) y muchos sectores populares urbanos. Las ilusiones democráticas que se encarnan además en un superburgués como Thaksin Shinawatra, no nos impiden realizar una reflexión más de fondo.
En este movimiento, a pesar del caos de conciencia del que hemos hablado, resulta evidente el intento de luchar para afirmar los propios derechos y la propia dignidad frente a un poder corrupto y golpista. Esto además se está expresando en consignas que tienen que ver con mejorías económicas y denuncias de la situación general de miseria en qué vive gran parte de esta sociedad, justo en uno de los lugares más emblemáticos del comercio salvaje, símbolo del sistema en qué vivimos. Son movilizaciones de sectores populares que, a tientas, aspiran a una búsqueda de bien, justicia, igualdad frente a un poder monopolizado por las élites burguesas locales, la Monarquía y los militares.
Las imágenes nos hacían entrever de manera clara el carácter popular de esta lucha: mujeres, niños, hasta monjes han sido parte de las movilizaciones de estos últimos meses. La represión además tardó en llegar precisamente por el apoyo de sectores de base del ejército (en Tailandia continúa habiendo un ejército de leva). Las imágenes también nos trasmitían, una vez más, la fuerza y la permanencia de los intentos de una humanidad en lucha por afirmarse; imágenes de la emergencia que, inseparablemente, han de enfrentar pues estados y Gobiernos imponen la violencia y miseria concentrada.
En el expresar nuestra solidaridad a la gente que ha resistido durante semanas al estado de sitio pedimos en primer lugar que cese todo tipo de represión contra los participantes en las movilizaciones. La acusación de terrorismo dirigida a los que intentaron reaccionar frente a la violencia policial puede implicar la pena de muerte para miles de personas.
Nuestra solidaridad humana, que no es acrítica, se pone al lado de l@s que están buscando justicia sabiendo que la época en qué vivimos necesita respuestas de fondo para lograr los posibles caminos de autoemancipación. En todo esto el protagonismo directo y los ejemplos del coraje (que seguramente necesitamos conocer más) de quienes se están manifestando nos dan pistas de las aspiraciones sin respuestas de nuestra humanidad.
Barcelona jueves 27 de mayo de 2010.
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