El pasado 7 de Septiembre ha fallecido en Barcelona a la edad de 94 años Wilebaldo Solano. Quién es Wilebaldo Solano y por qué se merece ser recordado nos lo dice toda su intensa vida.
Nació en Burgos en 1916 pero su familia se fue a vivir a Barcelona cuando él era muy joven. Como para otros de su generación, su compromiso a lado de los oprimidos y por la justicia social empezó muy temprano, en los años de bachiller y luego como estudiante universitario de Medicina. En 1932 entró en el Bloque obrero y campesino (BOC) fundado por Joaquín Maurín, dirigente comunista antiestalinista. En septiembre de 1935 se fundó el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), nacido de la unificación del BOC con la Izquierda Comunista (IC) dirigida por Andreu Nin, procedente de la Oposición de Izquierda (inicialmente del partido comunista soviético y luego internacional) fundada, entre otros, por León Trotskij. El joven partido se encontrará rápidamente envuelto, propulsado e inevitablemente conmocionado por la revolución española y la guerra civil de 1936. En Septiembre Wilebaldo Solano se convierte en el Secretario general de su organización juvenil, la Juventud Comunista Ibérica y participará, como tal, en el Comité Ejecutivo del POUM, además de dirigir el semanario Juventud Comunista.
Con veinte años Wilebaldo iba a vivir, en Barcelona y en Levante, la experiencia más constructiva de su generación y una de las más importantes de la historia de la auto emancipación humana: la revolución social española. El POUM fue junto a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), aunque con un peso evidentemente inferior con respecto a la organización anarcosindicalista, una fuerza comprometida con el desarrollo de la revolución. En realidad en este proceso desde la base había una participación activa no sólo de los sectores inspirados por el pensamiento anarquista y libertario, sino también de aquellos que se reclamaban a la tradición socialista, de lo que da fe la particular y contradictoria trayectoria del Partido Socialista Obrero Español y de su ala izquierda liderada por Largo Caballero. Al mismo tiempo el internacionalismo del POUM no le permitía callarse ante la nueva fase en la que entraba la contrarrevolución estalinista en la URSS con los procesos de Moscú. Su denuncia de los crímenes de Stalin le convirtieron en un blanco especial de las campañas y de las maniobras estalinistas.
El POUM se opuso a la contrarrevolución republicana y estalinista en Barcelona en el Mayo de 1937, junto a la CNT, pero fue también lamentablemente su primera víctima, con el secuestro, la tortura y el asesinato de su principal dirigente, Andreu Nin y la ilegalización del partido. En abril de 1938 será detenido también Wilebaldo Solano. Logrará alcanzar Francia en Febrero de 1939. Sin embargo, el gobierno de Vichy (el régimen de colaboración con la ocupación de Francia por parte de Hitler) lo detuvo en 1941 y lo condenó a veinte años de trabajos forzados. Logró escapar en 1944 y participó en la resistencia francesa. Junto a otros compañeros logro organizar la fuga de la prisión de otro dirigente histórico del POUM, Juan Andrade. En el 1947 fue nombrado secretario general del POUM, pero ya antes había luchado por mantener viva esta organización, organizando a los militantes en el exilio y organizando en España la lucha clandestina. Durante el franquismo, desde París dirigió el periódico del POUM, La Batalla, luego con la transición intentó animar proyectos de reorganización de la izquierda revolucionaria y se dedicó, junto a otros compañeros, a la Fundación Andreu Nin desde donde desarrolló su labor de recuperación y defensa de la memoria de la historia de muchos revolucionarios de su generación.
Sin embargo su preocupación no estaba dirigida solamente hacia el pasado, al contrario lo que llamaba la atención en Wilebaldo era su atención y la vivacidad de su reflexión sobre el presente de la lucha de los oprimidos.
El valor de la vida de alguien como Wilebaldo consiste en el hecho de que sabía hacer de ella un testimonio activo. Quien escribe estas notas conoció directamente a Wilebaldo en 1995. La película de Ken Loach Tierra y Libertad, había vuelto a abrir el debate sobre la revolución española y el POUM. Recuerdo la emoción y el orgullo de este dirigente a la hora de reivindicar el honor revolucionario de sus compañeros perseguidos y calumniados por el estalinismo. Recuerdo un acto organizado por la Fundación Andreu Nin en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, “Homenaje al POUM”, con Wilebaldo entre los principales oradores. En un momento dado tomó la palabra un antiguo compañero del POUM, dijo “ahora que el estalinismo ha caído y que se ha restablecido la verdad sobre el POUM y defendido su honor me puedo morir en paz”. Era José Grimalt. Un año después, nos encontramos con Solano y los compañeros de la Fundación en Ondara, el pueblo de Grimalt en el País Valencià, en un acto de recuerdo de este compañero.
Algunos meses antes, aun en 1996, por encargo de Socialismo rivoluzionario de Italia, había invitado Wilebaldo a participar en las Jornadas que íbamos a organizar en Asís “España ’36, lecciones de una revolución”, una semana de iniciativas en el 60º aniversario de la revolución. Wilebaldo habló sobre el POUM en una conferencia con cientos de compañeros. En los años siguientes, cuando nos hemos encontrado en Barcelona o en París, me hablaba del “meeting” de Asís como uno de los momento vividos con más entusiasmo de esos años de recuperación de la memoria del POUM. Había que entenderlo ese entusiasmo. El POUM no sólo había sufrido la calumnia y la represión estalinista o el olvido de la historia “democrática” y oficial. Lamentablemente había sufrido también la condena de los que hubieran tenido que ser sus más próximos aliados y seguidores, los marxistas revolucionarios, fieles a las despiadadas críticas que desde un punto de vista revolucionario habían emitido Trotskji y sus seguidores (críticas debidas a la participación del POUM en el Frente Popular y ulteriormente en el gobierno de la Generalitat tras la revolución). Más que criticas habían sido verdaderas excomuniones, caracterizando que el POUM no era un partido revolucionario, que en compañeros como Andrade habían procurado una profunda amargura. Solano vivía quizás esos días también como momentos de reparación para la incomprensión y el aislamiento sufrido. Sin embargo al intentar, como es justo, devolver al POUM toda la importancia de su original experiencia, creo que a veces se excedía en el plano de la proyección histórica de su trayectoria. Por otro lado, aquellas semanas de Asís de 1996 profundizaron para nosotros-compañeros/as de Socialismo rivoluzionario y de los que unos años después íbamos a fundar Socialismo Libertario- una reflexión programática sobre la revolución socialista, la socialización, el autogobierno y la crítica del poder político, que nos habría alejado progresiva y definitivamente de la experiencia marxista revolucionaria a la que se reclamaba Wilebaldo.
Sin embargo la distancia teórica no reduce ni el respeto ni el afecto, ni el interés por la profundidad de sus reflexiones. Recuerdo una muy aguda sobre la izquierda revolucionaria española lamentando el hecho que esta se haya vuelto a fundar eligiendo como referencia revoluciones como la cubana del ’59, infinitamente menos ricas que la revolución española. No menos interesante eran sus recuerdos revolucionarios. Ante un testigo de tamaño nivel la curiosidad sobre momentos y personajes de la revolución evidentemente se disparaba. Pero Wilebaldo no quería hablar sobre todo del pasado. Una parte de sus memorias está en sus libros. Probablemente si no disponemos de más obras se debe al hecho que Wilebaldo tenía una preocupación más, por así decirlo, “militante” que histórica.
Haber conocido Wilebaldo ha sido un privilegio, con el único remordimiento de no haber podido o sabido hacer más intensa esta relación. El último recuerdo directo que tengo de él es en Barcelona en 2007 en un acto por el aniversario de los hechos de Mayo ’37. A 91 años Wilebaldo expresaba intacto su entusiasmo y su disposición hacia la lucha en contra de la opresión y dirigía su mirada confiada hacia el futuro. Encarnaba a su manera aquella extraordinaria generación que ha sabido alimentar el profundo idealismo de su juventud a través de las pruebas más duras de la historia y de la vida. Justamente por eso, una generación tan preciada y que sentimos tan cercana.
Rocco Rossetti
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