Desde Deraa a Hamah y Homs, desde Baniya a Latakia, desde Alepo a las peri- ferias de Damasco decenas de miles de personas salen a las calles expresando la dignidad y el coraje que han protagoniza- do otros millones de hermanos árabes en esta extraordinaria oleada revolucionaria que sacude el mundo. “El pueblo sirio no se agacha” gritan las multitudes en Deraa frente a los tanques del sanguinario régi- men de Bashar al Asad, que está tratando de tomar con tanques y paramilitares esta sureña ciudad siria fronteriza con Jordania. Una revuelta en curso, que afronta la ferocidad del régimen del Partido único Baaz (se habla ya de más de 300 víctimas mortales), nacida en Deraa, hace tres semanas, cuando treinta y ocho niños de diez años, uno de quince y otro de dieciséis fueron sacados a la fuerza de sus aulas. Les llevaron a un tristemente céle- bre centro de detención llamado la Rama Palestina acusados de escribir “¡El pueblo quiere que el régimen caiga!”. Esta es la dignidad y la valentía que protagonizan las multitudes en revuelta por su libertad en Sira. Una revuelta que además está tra- tando de alimentar la unidad desde abajo, más allá de las divisiones nacionales y reli- giosas, sobre las que se sustenta en régi- men hereditario de los al Asad. Las movi- lizaciones del viernes pasado, Viernes Santo, pretendían dar protagonismo a casi el 10% de la población que profesa la religión cristiana, o la población kurda que hace quince días reivindicaba la liber- tad para todos/as los sirios/as frente a la autonomía solo kurda que les quería con- ceder el régimen en crisis. Los expertos académicos, los izquier- distas atados a sus esquemas geopolíticos, el sionista que prefiere que todo siga igual en nombre de la estabilidad de Israel… todos habían previsto hace sólo un mes que en Sira era imposible que llegase la oleada revolucionaria. Como antes en Egipto o en Túnez, en Libia, Bahrein o Yemen… La oleada revolucionaria con su frescor descompone los esquemas prefija- dos de políticos, académicos y religiosos. Qué decir de aquellos como Hezbollah que se solidarizan con el régimen sirio o del gobierno iraní, a su vez amenazado y aterrorizado ante el surgimiento de la ole- ada en tierras persas, quien sabe si aún con más fuerza que en el pasado. La oleada revolucionaria continúa, con sus ascensos y recesos, con sus avances y dificultades. Con procesos muy distintos entre sí. Desde Libia donde la interven- ción armada de los Estados del sistema, además de asesinar a decenas y decenas de civiles, ha tenido la capacidad de para- lizar, junto al régimen de Gadafi, la ini- cial revuelta autónoma, y la auto activi- dad. O en Egipto, el epicentro de la revo- lución, el lugar donde se ha vivido y se continúa viviendo el inicio de una auténti- ca revolución que vivió su corazón pul- sante en la experiencia de la Plaza de Tahrir. El viernes 9 de abril cientos de miles de egipcios llenaron de nuevo la plaza, contra el gobierno de los militares, contra las leyes que prohíben el derecho de huelga, en contra de que su revolución, sueños y esperanzas puedan ser secues- trados por los poderosos que tratan de revestirse de otros ropajes para ocultar su opresión. El gobierno y las fuerzas arma- das respondieron con sangre fría y crimi- nal, asesinado a dos manifestantes. Pero la revolución continúa latiendo en Egipto, caminando por la Plaza Tahrir y a través de las miles de huelgas que recorren el Nilo, aunque el gobierno de los militares las declare ilegales.
En Túnez tras la expulsión de Gannouchi la contrarrevolución trata de organizarse elec- toralmente para que los sueños de las multi- tudes salgan de la Qasbah; en Bahrein con el apoyo de Estados Unidos y del resto de las satrapías del Golfo la revuelta trata de ser hundida con la represión física y simbólica, estos siniestros poderosos han llegado a des- truir las estatuas de la Plaza de la Perla, tra- tando de exorcizar sus pesadillas. Sin embar- go, decenas de miles de bahreníes continúan gritando dignidad desde los áticos y buhardi- llas de sus casas, allá no llega el estado de sitio. Y en Yemen asistimos a una de las revueltas más extendidas en el tiempo, cuasi contemporánea a la revolución egip- cia. Allí también, en Sanáa los estudiantes ocuparon al inicio la Plaza de Tahrir, como en Taiz, en Adén y en multitud de ciudades. Una revuelta que está viendo además un protagonismo nuevo de decenas de miles de mujeres que expresan la esperanza, la determinación y la confianza de una revuelta en pos de la libertad y la dignidad; como se expresa en el recomendable blog http://womanfromyemen.blogspot.com. Una nueva generación de jóvenes, hombres y mujeres, son protagonistas de la revuelta en las plazas, que organizan desde las far- macias y los hospitales de campaña, hasta las diferentes comisiones que recorren la vida cotidiana. Y frente a los intentos del sátrapa local Saleh, apoyado por Estados Unidos, de dividirlos utilizando los prejui- cios patriarcales, hablando de lo “terrible de las mujeres y los hombres juntos en las plazas de Sanáa, Taiz…”, como respuesta a su discurso, miles de mujeres salieron a la calle el 16 de abril de 2011. No casualmen- te una de las vanguardias de la revuelta es la periodista “sin cadenas” Tawakkol Karman.
La oleada revolucionaria continúa soplando frente a los múltiples intentos contrarrevolucionarios de frenarla y al silencio de los mass media que la han reti- rado de sus noticias relevantes. Sus sopli- dos son diferentes en intensidad, desde la revolución que continúa en Egipto, a la revuelta Libia aplastada por Gadafi y los bombardeos de la OTAN, llegando incluso a sentirse en lugares tan apartados/aleja- dos como Swazilandia, Azerbaiyán, Mauritania o China. La revolución, como ya hemos dicho, como SL y Utopía Socialista, por sí misma, no conduce a la autoemancipación. Es decir los gérmenes de poder positivo que nacieron en la Plaza de Tahrir no se generalizan de por sí, de modo espontáneo, en un sentido auto emancipador. Sería además injusto esperar lo contrario. Pero sentir y pensar esta olea- da sí nos concierne a todas/os como posibi- lidad, y así nos lo asumimos nosotros como socialistas libertarios. No como meros observadores, sino aprovechando su fres- cor para renovar y radicalizar, en esta época difícil para el compromiso, un nuevo compromiso que busque afirmar la vida y el bienestar para todos en esta Tierra. Estamos asistiendo a algo radicalmente nuevo, algo ha cambiado ya de modo irre- versible, pero, al mismo tiempo, es cada vez más importante como construimos alterna- tivas organizadas, de tipo humanista y socialista, como las que estamos tratando de protagonizar nosotras/os.
Madrid 26 de abril de 2011.
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