Publicamos la traducción del comunicado publicado por nuestros compañeros de Socialismo Rivoluzzionario a propósito de la matanza en Noruega.
Noruega, a día de hoy parece que hay 76 muertos de los cuales la mayor parte son chicas y chicos, algunos desaparecidos y decenas de heridos: una matanza anunciada. El culpable confeso de esta masacre, el neonazi Breivik, que se define fundamentalista cristiano en lucha contra los inmigrantes, las feministas y los comunistas, había descrito lo que ha realizado con anticipación online, hasta los mínimos detalles. Nadie lo ha parado. Mientras expresamos solidaridad con las víctimas contra el terrorismo asesino, hace falta reflexionar sobre aspectos más inquietantes de esta tragedia.
Cuidado con borrar este horror, como tienden a hacer los grandes medios de comunicación, como si fuese la mera obra de un loco. El criminal asesino noruego es sólo la punta del iceberg de una extrema derecha en crecimiento (especialmente en algunos países democráticos del viejo continente, como los escandinavos) que se basa en desvalores ultrarracistas y xenófobos, reaccionarios y patriarcales, bélicos y homicidas. Se trata de organizaciones de escuadrones peligrosas que hay que aislar y combatir, construyendo la más amplia unidad solidaria. Pero lo que no se dice en la mentirosa gran caja mediática es que los mismos desvalores, en grado y medida distintos según los casos, connotan la barbarie decadente de este sistema agonizante. A esta decadencia no huyen los países escandinavos, considerados hasta ayer como ejemplo del welfare state y de bienestar, en la lógica de clausura que connota la democracia decadente, y a pesar de que el comprobado responsable venga de dentro del país, la primera medida tomada después de las matanzas fue la de cerrar los confines, suspendiendo los acuerdos de Schengen. Como ha afirmado el primer ministro noruego, la reacción estatal está significando más democracia: entonces más armamento y más represión. El caldo de cultura en el que crece el odio mortífero y terrorista es el de un sistema democrático que no por casualidad ha aprendido mucho del nazismo, se ha inspirado en muchos de sus aspectos, desde su edificación.
El terrorismo, en su violencia homicida, se parece a las guerras de los opresores y se parece cada vez más, prescindiendo de las motivaciones ideológicas a las que hace referencia.
De todos modos, la matanza en la isla de Utoya, de entre las más feroces de los últimos decenios, presenta atroces peculiaridades en el contexto de un continente cada vez más enrocado y en decadencia como Europa.
Lo que es más preocupante e inquietante es que el neonazi noruego haya podido entrar armado hasta los dientes en la isla donde se desarrollaba un encuentro de jóvenes laboristas sin obstáculos y que su disfraz de policía lo haya facilitado en vez de hacer sospechar a los organizadores y a los participantes. Es desconcertante como ha actuado sin perturbaciones y sin una seria reacción durante una hora y media, obrando con ejecuciones en serie al estilo de las S.S.
Para afirmar la vida propia y la de los otros y buscar mejorarla, es necesario aprender a sustraerse constantemente de la lógica de asesinabilidad que nos circunda, de un contexto en el que cada una y cada uno somos sacrificables. Las amenazas que incumben a la vida de todos, ya de por sí elevadas, se convierten en elevadísimas si se nos confía a la tutela de policías de Estado, instituciones democráticas, ejércitos regulares o de los últimos descubrimientos tecnológicos. Durante la matanza se ha confiado en la comunicación en las redes sociales más que tratar de encontrar modos posibles, por cuan difíciles fuesen, para unirse y salvarse. Hay quien en cambio, poniendo en riesgo la propia vida, ha salvado muchas otras, con todos los medios posibles. Frente al terrorismo mortífero que crece, comprender las raíces y combatir la lógica es vital, así como aprender o reaprender a autodefenderse, autodefinir y autodeterminar la propia seguridad, desarrollar el propio protagonismo directo y consciente para salvaguardar la vida es un pasaje necesario en la búsqueda positiva de un bien común en clave universal. La autodefensa individual y colectiva, como por otra parte la solidaridad y el apoyo mutuo, la cooperación y el cuidado recíproco, pueden ser fundamentalmente asunto de la gente común. Incluso por aquí pasa el compromiso cada vez más urgente por la visibilidad contra los opresores y asesinos de toda calaña.
Socialismo rivoluzionario
25 de julio a las 18h



