En estos días del mes de agosto de 2011, concretamente del 15 al 21, se están celebrando en Madrid las Jornadas Mundiales de la Juventud, a la que acuden cientos de miles de jóvenes (y no tan jóvenes) y es seguida por millones de personas en todo el mundo, en medio de una enorme crisis económica y general. Estas jornadas son un acontecimiento mediático que se inscribe en un momento de crisis profunda para la Iglesia católica, que ve como en los últimos años las iglesias se van quedando vacías, especialmente de gente joven. Tienen un objetivo claro: encubrir dicha crisis, en esta ocasión, girando en torno a este Papa, Joseph Ratzinger.
Nosotros estamos por la libre autodeterminación de los hombres y de las mujeres, por la libre decisión sobre el propio cuerpo y la sexualidad respetuosa, por una búsqueda de felicidad y de bien común para el conjunto de la humanidad, por la libre circulación de todas las personas, frente al continuo discurso reaccionario que hace la Iglesia por boca de este Papa, que ha defendido y encubierto a pederastas en las propias filas, que excomulga a mujeres por decidir libremente sobre su cuerpo y su sexualidad ...
En medio de tan ostentosa celebración (aproximadamente 50 millones de euros de coste) el Estado y el gran capital español se han puesto al servicio de la organización del evento: los responsables de la crisis económica, especulan en las bolsas mientras las hambrunas arrecian en muchas partes del mundo, como en el llamado “Cuerno de África”.
Frente a esta crisis ética, económica y general, la izquierda y el movimiento 15-M agudiza su derrumbe contraponiéndose a este acontecimiento sin criticar al Papa, sin contenidos claros, reclamando un Estado laico como único horizonte y enfrentándose a los peregrinos, a través de distintas movilizaciones que están teniendo lugar a lo largo de la semana. En cualquier caso esto no es óbice para denunciar enérgicamente la brutal represión policial que han sufrido los participantes de las distintas movilizaciones y la posterior campaña de desprestigio y calumnias que están sufriendo por parte de instituciones y medios.
Como Socialismo Libertario, partiendo de nuestra creencia en las personas y en la búsqueda de bien que anima su/nuestra vida, creemos en la importancia de comenzar un dialogo entre creyentes, que buscan de modo distinto el bien común, por fuera de cualquier autoridad estatal y religiosa. Un diálogo basado en el respeto recíproco que pueda ser el punto de partida fundamental, como parte de la común humanidad que somos, para comenzar a construir una solidaridad humana en base a una lógica afirmativa de mejora de la vida, de una afectividad y una sexualidad libre y sin coacciones de ninguna autoridad y que pueda empezar a mejorar los distintos aspectos de nuestra existencia y de una humanidad más libre y feliz en esta tierra.
Socialismo Libertario
Madrid, 21.08.11


