Pasaron 10 meses de aquel fatídico terremoto en Haití que dejó un saldo de 240.000 muertos. Por aquellos días, miles de personas en todo el mundo a través de redes solidarias colmaron los aeropuertos con ayuda humanitaria. Sin embargo al día de hoy, el débil e históricamente corrupto Estado haitiano no ha reconstruido siquiera las instalaciones básicas para la atención de la población, tampoco han hecho nada, que no sea intervenir militarmente, las democracias más poderosas del planeta, como Francia o EE UU, históricamente responsables de la miseria y el inmoral saqueo al que fue sometida esta isla. Puerto Príncipe – capital del país y ciudad más afectada por el terremoto- es un enorme campamento que aloja a 1.500.000 de personas en improvisadas carpas de tela. Las donaciones quedan entrampadas en las redes corruptas de políticos y militares, mientras la desnutrición se cobra las vidas de cientos de personas y niños. Cuando la población intenta expropiar los almacenes de alimentos son violentamente reprimidos por la MINUSTAH, tropas de ocupación brasileras, argentinas y bolivianas entre otras que desde el 2004 patrullan las calles de Haití imponiendo un estado de sitio permanente. Hay que decirlo claramente: si la vida avanza y se recrea en esta ciudad, si las consecuencias del terremoto no han sido todavía mas trágicas, es por la fuerza concreta de las haitianas y los haitianos que, sobre las ruinas y superando el dolor de perderlo todo, supieron abrirse paso y reinventar la existencia: las escasas redes de agua potable han sido construidas por ONG’s con la participación directa de los habitantes, las mujeres improvisan escuelas para los niños, los mercados de trueque florecieron en el centro de la ciudad y al atardecer la música y el teatro callejero animan los campamentos hasta altas horas de la noche. Desde mediados de Octubre el Cólera – enfermedad erradicada del país hace mas de 100 años - comenzó a propagarse, causando hasta la actualidad más de 1200 muertos y 20.000 hospitalizados. Los haitianos sostienen que el virus habría sido repatriado por militares nepaleses de la ONU. Mientras Médicos sin Fronteras y voluntarios de ONG’s afines intentan enfrentar la epidemia, el gobierno de Preval y todo el arco político tienen una sola preocupación: ganar las elecciones presidenciales del próximo 28 de Noviembre, postergadas por el terremoto de Enero. Los camiones cisterna con agua potable no llegan a los habitantes, los hospitales no cuentan con camillas suficientes para atender a los enfermos, las redes solidarias solicitan que el Estado les brinde recursos básicos para paliar la crisis sanitaria y éste se los niega pero, sin embargo, en los campamentos de Puerto Príncipe pueden encontrarse miles de remeras donadas con las caras de los candidatos. Esa es su siniestra campaña electoral. Una imagen muy similar a la “solidaridad bolivariana” del Estado venezolano donando latas de alimentos con la cara de Chávez a los damnificados del terremoto en Perú en el año 2006. Una expresión más de la brutal instrumentalidad de la política y su desprecio descarado por la vida de las personas. El lunes 15 de Noviembre comenzaron las manifestaciones populares en Cabo Haitiano, Hinche y Puerto Príncipe, enfrentándose a las tan repudiadas tropas de la MINUSTAH. La represión fue brutal. Dos jóvenes haitianos perdieron la vida, decenas de personas fueron detenidas y cuatro de ellas fallecieron de cólera en prisión. Estamos junto al pueblo haitiano. Nos reconocemos en su capacidad de reinvención cotidiana de la vida, en su lucha contra los poderes opresivos que históricamente han querido doblegarlos, esclavizarlos y sumergirlos en la miseria. Nos reconocemos en su tensión permanente a la libertad y a la rebeldía. Nos solidarizamos y nos sentimos hermanados con quienes están defendiendo la vida y su dignidad.
22 de Noviembre 2010
Grupo Utopía Socialista


