Perdidos y embriagados, buscando solucionar un problema secular con la "democracia", poniéndola al frente, como única opción; dos candidatos que han competido por la Presidencia en Guatemala, no puede ser otra cosa que una ficción, una ilusión o un discurso que perciben los guatemaltecos. Algo así como una mala jugada del destino. Lo que se esta viviendo en estas elecciones es el juego sucio, cegador de la política cuyo origen es la guerra con su constante amenaza y destrucción de vida y recursos.
Los guatemaltecos viven una vez más elecciones presidenciales sin darse cuenta que lo que se necesita es realmente luchar contra el sistema democrático global, totalitario, belicista, estatista y patriarcal.
En lugar de buscar en el voto la solución del problema hay que ir más allá de la norma sistemática y combatir los poderes opresores y no delegar su bienestar en manos de cualquiera. Hay que ser protagonistas.
Yo concibo a un país como el territorio donde sus habitantes pueden educarse, hablar, caminar, atender su salud, recrearse, sentirse protegidos, seguros, sin miedo y en libertad; no veo a un país como un montón de fragmentos inscritos en una cultura de discriminación, expropiación y violencia secular. Si es cierto que este Nuevo Mundo no fue descubierto sino inventado por un Viejo Mundo cansado de la prisión medieval, que buscaba redimirse y reinventarse en otras tierras, lo que cabe preguntarse es, si se ha sido capaz de hacer nacer un país o si sólo se ha dejado que otros lo inventaran y sigan inventándolo. Se siente y percibe una etapa de pesadilla por terminar, para dar paso a otra. Se continua escribiendo esta leyenda negra inscrita en un mito mayor llamado “Guatemala”.
Después de esta obscena campaña electoral, hoy muchos sectores de la población pugnan por volver la mirada sobre los temas que consideran verdaderamente urgentes. Temas como la reforma fiscal, la famosa Ley de Alianzas público-privadas —con todo y su Comisión recién instalada—, la concesión de licencias de exploración y explotación minera, la ley de desarrollo rural y los desalojos.
Viene bien recordar que, luego del gobierno privatizador de Álvaro Arzú, el Estado guatemalteco demostró una vez más ser un sistema incapaz de generar el bienestar y en su búsqueda desesperada por controlar, se reorganiza y reinventa a expensas del bienestar de la gente común que observa con esa mirada pasmada, aturdida y desolada, no encontrando paz en su interior y mejora en la calidad de vida.
En ese contexto y hasta hoy, la sociedad civil fue asumiendo responsabilidades pero en forma caótica y desordenada asumiendo las estructuras y organización similar a la estatal—léase poderes fácticos lícitos e ilícitos—.
Un ejemplo de ello se tienen en los cuestionados comités de seguridad ciudadana instituidos en distintas poblaciones del interior, cuyos integrantes, en algunos casos, han llegado ahora hasta a matar arbitraria e impunemente a batazo limpio, cubriéndose el rostro, en vergonzosos ejercicios de limpieza social.
Nebaj es una ciudad del altiplano Maya donde una vez estuvo inmersa en medio del fuego cruzado entre guerrilla marxista y la derecha militar durante 36 años de guerra civil. Hoy en día es la encrucijada de una nueva guerra alimentada por las drogas en lugar de la ideología. Narcocracias funcionando como Estado.
El general retirado del ejército, Otto Pérez Molina de 62 años ha salido electo en las elecciones, tomando posesión el 14 de enero 2012 por un periodo de 4 años. Esta es la primera vez que un ex militar llega al poder desde que el acuerdo de fin del conflicto armado en el 1996 dejo un estimado de 200,000 victimas asesinadas. La escalada de la violencia a causa de las drogas ha llamado la atención de los Estados Unidos de America. El pasado Junio, la secretaria de estado, Hillary Clinton se comprometió dar $300 millones a Centro America para luchar en contra de los traficantes.
Durante los debates políticos previos a las elecciones el ex general militar Pérez Molina dijo que daría la bienvenida a las tropas de Estados Unidos a luchar contra las pandillas de traficantes de drogas en su país, cosa que México nunca ha autorizado.
Pérez Molina sube al poder con denuncias por violaciones de Derechos Humanos, tales como prácticas sistemáticas de tortura y actos de genocidio durante el conflicto interno en Guatemala entre 1960 y 1996.
Estas violaciones se cometieron en 1982, cuando Pérez Molina estaba al mando de cuarteles militares en el denominado "triangulo Ixil", en la provincia de Quiche, una de las más afectadas durante la guerra civil. El asesinato del guerrillero Efraín Bamaca y el del Obispo de la Iglesia Católica Juan Jose Gerardi Conedera se le atribuyen. (Francisco Goldman tras ocho años de investigación, publica “El arte de un asesinato político ¿Quién mató al obispo?” )
Se inicia una nueva etapa en la vida de los guatemaltecos, en un mundo que vive cambios importantes, revoluciones que inician y que buscan encontrar el bien, la libertad y la auto emancipación en un mundo convulsionado.
Ada Mandolini