
EDITORIAL
“Dar es prepararse para recibir”, y la “dignidad es imprescindible en la vida”, son las dos frases que nuestros amigos de Haití nos han dejado a través de sus artículos y entrevistas en este mismo periódico, en el especial que hemos dedicado a nuestra gente en Haití.
Nuestras tragedias, las personales, las colectivas y las grandes, muy grandes como la que ha asolado Haití, dejan víctimas pero sobre todo supervivientes en el sentido más pleno de la palabra, en el de primar la vida, en el de mostrar, aun en las peores condiciones, la fuerza de la vida, el coraje, el amor y la solidaridad en una espiral de reciprocidad que nos llega como informaciones de los más honestos, de los que están ayudando independientemente de los Estados y las instituciones, los que se atreven incluso a denunciarles como algunos bomberos y médicos, es decir, no movidos por sus razonamientos, y nos llega, nos puede llegar por la empatía que podemos desarrollar ante nuestros semejantes. Ponerse en el lugar del otro es imprescindible, posible, y es un esfuerzo sentimental, el primer paso para una solidaridad diferente que nos acerque a entender más a los protagonistas, a los supervivientes y no a lo que supuestamente hacen los Estados, las instituciones, las diplomacias…
En las grandes tragedias, cómo no, hay espacio para la humanidad. En las grandes tragedias podemos entender más, si lo queremos, si lo pensamos, nuestra común humanidad, y entendernos como una gran especie, como una gran familia humana.
En Haití, la solidaridad, la generosidad, la valentía, el tesón de los supervivientes ha salvado vidas, ha reconfortado, ha logrado, precisamente, la supervivencia de millares de personas. También aquí, el pensamiento en nuestra gente, el posicionamiento ético, la necesidad de reflexionar juntos y de desplegar una solidaridad independiente, puede ayudar a pensar un compromiso humano distinto, una manera de valorizar la dignidad humana incluso en medio del dolor, que nos hace relativizar muchos otros problemas menores. Hay prioridades en la vida, hay prioridades en el pensamiento. Ahora, estar juntos, entender y razonar juntos, profundizar sobre lo acontecido y conocer un maravilloso país a través de sus protagonistas es muy importante. Es lo que estamos preparando en los próximos días con este periódico, actos públicos, momentos de reflexión y de debate para hacer conocer otra información y para solidarizarnos sin intermediarios. La solidaridad humana es un sentimiento, como decimos en el tríptico de la campaña de autofinanciación, el que empuja a pensar en los demás y a ponerse en su lugar para sacar lo mejor de cada uno y cada una. Este sentimiento puede cualificarse y desarrollarse si lo pensamos en una perspectiva diferente frente al egoísmo y la incapacidad de pensar la vida del sistema y de los Estados.
Anabel Cubero
24 de Enero de 2010
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