Quizás Las Sufragistas son conocidas sobre todo por su reivindicación del derecho al voto, a la igualdad. Pero no se quedaron solo en esto.
Más allá de la igualdad, la revolución feminista empieza a tomar cuerpo pues las sufragistas vivieron tratando de afirmar su ser mujeres: rompiendo con el modo de vida que les proponía su época, empezando a transformar las relaciones entre ellas y de esta forma la sociedad. Emmeline Pethick-Lawrence, una de ellas, nos dejó escrito lo siguiente:
<<[…] en quienes adherían al movimiento había una aceleración de toda la vida emotiva,[…]; se atribuía la amistad personal un nuevo significado, y sobre muchos rostros en los que habían quedado señales de un largo ayuno de emociones, yo vi despertarse una juventud y un ardor nuevos. De los rostros de las más ancianas desapareció la sombra de la soledad, porque en sus corazones brillaba la luz del amor-un amor que era emulación y se acercaba a veces a la adoración-. Pero fue de las jóvenes que vino la respuesta más extraordinaria al llamamiento de aquel momento. Reían ante el peligro, reían ante el arresto y la prisión, y encontraban una razón de alegría en todas sus insólitas experiencias. Una vez desde una tribuna pública Christabell había dicho: “Nosotras jóvenes encontramos un mundo que gira sobre ideas totalmente contrarias a las nuestras. ¡Pretendemos plasmar un mundo nuevo tal y como nosotras lo queremos!”. Y la juventud aceptó e desafío>>