Manifestamos nuestra solidaridad con la lucha por una vivienda digna y contra la especulación inmobiliaria que atraviesa toda la península comenzando por Madrid. Compartimos los valores y los sentimientos de dignidad, de unión, de solidaridad y de justicia que, a raíz del desahucio de Maricarmen, están expresando estos días miles y miles de personas en las calles y las plazas de muchas ciudades. A partir de la dignidad de la misma Maricarmen, de la unión de sus vecinas y vecinos, de la solidaridad y la cercanía del Sindicato de Inquilinas, centenares de miles de personas las han hecho propias y han pedido justicia en las distintas manifestaciones y acampadas de los últimos días.
Vivimos en un país donde la dimensión vecinal ha sido un factor clave de agregación y de convivencia. Esta vida vecinal se ve duramente atacada desde hace años por la codicia de unos pocos, con alquileres cada vez más imposibles, centros pensados para el turismo de masas que transforma áreas de las ciudades, echando a parte de los vecinos fuera de sus barrios. Tampoco se deben subestimar los efectos de la intromisión digital en nuestras vidas, a través de smartphones y redes sociales, que limitan y debilitan la interacción y el conocimiento entre las personas. Sin embargo esta dimensión, el reconocerse y unirse como vecinas y vecinos, resurge como aspiración, búsqueda y experimentación concreta, como estamos viendo.
La movilización, como siempre ocurre, retrata a los actores políticos. Así, queda al desnudo una derecha y extrema-derecha que desprecia derechos básicos para la gente común, mientras la izquierda en el gobierno se siente interpelada y trata de responder, si bien tarde y muy parcialmente.
Antes que los posibles decretos (que hubiesen sido insuficientes, aunque contuvieran avances) y más allá de los debates político-electorales en el Congreso, celebramos la movilización por una cuestión existencial vital como es la vivienda que se ha desarrollado gracias a la unión en valores morales que son los que han motivado a las personas, abriéndose oportunidades de encuentro y de (re)conocimiento mutuo.
Los decretos fueron derrocados y sabemos que tendremos que seguir luchando por los derechos básicos que siempre fueron conquistados gracias a las movilizaciones populares. Esperamos que ahora no sea la rabia y la resignación lo que prime, sino la memoria de lo vivido en común. Esperemos que el ejemplo de las vanguardias de las movilizaciones (principalmente femeninas, como en el Sindicato de Inquilinas) pueda alimentar la unión y la colaboración en los próximos meses, conservando la dignidad y la justicia como motor de unión y de solidaridad.
2 de octubre de 2026
La noche del jueves 30 de julio miles de personas, la mayoría eran jóvenes, procedentes de Marruecos, entraron en Ceuta, territorio español en África, a través del mar. Al final han sido cerca de 50.000, de los cuales 67 han perdido la vida en el intento hasta ahora. En la base de este intento están las esperanzas de mejorar la vida. Esperanzas humanas con las que nos solidarizamos contra toda legislación racista y las muertes que causan las fronteras. Esperanzas que se han visto frustradas con el regreso forzado por el ejército español.
Esperanzas que son, también, materia de maniobras por parte de los Estados, empezando por el régimen de Marruecos que ha abierto las fronteras con el objetivo de provocar una crisis que afectase al gobierno español. No es casual que la administración de EE.UU. y el gobierno de Israel, aliados del régimen de Mohammed VI, se hayan manifestado de inmediato contra el gobierno Sánchez. El primero, secundado por el PP y Vox, ha atacado la reciente regularización del gobierno español, presentándola como ejemplo de los peligros que podría correr EE.UU. si Trump perdiera el poder. A la ofensiva se han sumado el gobierno italiano de Giorgia Meloni y otros países de la Unión Europea. Parece una alianza para hacer pagar a Pedro Sánchez su oposición a Trump, su denuncia del genocidio de Gaza y su oposición a las orientaciones racistas de la UE.
En el derrumbe occidental, la lógica bélica lleva a emplear también la inmigración como arma de combate.
Sin embargo, las esperanzas humanas de una vida mejor son más fuertes que las maniobras y las represiones estatales. Por esto, estas esperanzas, que son también las nuestras, deben ser reconocidas, defendidas y cultivadas.
1 de agosto 2026
La guerra de Trump y Netanyahu contra Irán, iniciada el pasado 28 de febrero, se ha extendido a Oriente Medio. No sabemos cuanto tiempo durará, ni cuales serán sus resultados inmediatos. Bajo el impulso del gobierno israelí, la casa Blanca parece haberse implicado en una agresión militar que no ha tenido la brevedad deseada. Sí sabemos que esta guerra, además de sus víctimas directas, entraña peligros de ulterior extensión y tiene consecuencias globales, como en el caso del aprovisionamiento energético. Estamos delante de una nueva muestra del sanguinario derrumbe de Occidente. Para el gobierno de Netanyahu este nuevo conflicto, después del genocidio en Gaza, representa una ocasión para, además de mantenerse en el poder, alimentar el proyecto del Gran Israel, es decir de la extensión del Estado sionista en territorios árabes como Palestina, Líbano y Siria. Para esto no duda en arrastrar la región a una espiral de muerte y destrucción, gozando lamentablemente del apoyo de la gran mayoría de la población israelí.
Para Trump esta aventura bélica es una demostración de su poder destructivo, empleado con objetivos poco claros y que van cambiando según las circunstancias y los reveses que va sufriendo. Para los pueblos de Irán esta guerra es una nueva desgracia, que no traerá la tan deseada libertad. Nunca ha sido este el objetivo de Trump y Netanyahu sino solamente una mentira y una coartada para justificar su agresión militar, llamando a la gente de Irán a inmolarse para sus sucios intereses. Para las mujeres y los hombres de Irán esta guerra está suponiendo más muerte y destrucción, además de la feroz represión del régimen sanguinario de los ayatolás. Por todas estas razones, manifestamos nuestro rechazo a la guerra de Netanyahu y Trump en Oriente Medio y expresamos nuestra solidaridad con los pueblos de Irán contra la dictadura teocrática de Teherán. Denunciamos el expansionismo del Estado de Israel en Líbano y Siria, mientras impone condiciones de vida terribles en Gaza y aumenta el acoso de la población y la ocupación del territorio en Cisjordania. Reiteramos nuestra solidaridad con el pueblo palestino y los opositores judíos contra Netanyahu y contra Hamás.
13 de marzo de 2026
En la noche del viernes 13 de junio Israel ha iniciado una serie de ataques contra Irán, con bombardeos a posiciones militares, instalaciones nucleares y diferentes ciudades, entre ellas la capital, Teherán. El primer ministro israelí, Netanyahu, ha declarado que estos ataques representan el inicio de una guerra contra Irán, el cual está respondiendo con medios militares inferiores.
Después de la guerra genocida en Gaza y Cisjordania, los ataques y los bombardeos en Líbano, Siria y Yemen, esta nueva guerra es una etapa ulterior en la escalada de la prepotencia militarista de Tel Aviv. El gobierno de Netanyahu, en efecto, ya no tiene frenos y con sus fuerzas armadas –desde siempre abastecidas por los países occidentales–, con las guerras y las masacres pretende construir un Gran Israel, un proyecto criminal que está llevando a toda la región medio oriental a un caos infernal y amenazador. El precio lo pagan en primer lugar los pueblos, sometidos a grandes sufrimientos e incluso al genocidio, como el pueblo palestino.
Por otro lado, el diseño opresivo del régimen ultra reaccionario y patriarcal de los ayatolás iraníes en la región se ha estancado y revela sus debilidades, considerando también la escasa fiabilidad de sus aliados en la zona, empezando por los bandidos anti-semitas de Hamás.
Estos últimos acontecimientos son, sobre todo, la manifestación del caos mundial que se acentúa. Un caos mundial que tiene sus raíces en el sangriento ocaso e implosión del llamado Occidente: una serie de entidades estatales, con EEUU a la cabeza, involucradas, cada vez más, en un torbellino de belicismo y que ya no están en grado de promover un orden mundial, por mínimo que sea, o de ejercer mediaciones políticas creíbles. La máxima manifestación de esta decadencia es precisamente la administración Trump, tan caracterizada por la improvisación, la incoherencia y hasta por la irracionalidad que, después de pocos meses, ya está en dificultad. El gobierno Netanyahu puede aprovechar entonces esta situación y desplegar sin frenos su vocación belicista, dando comienzo a una nueva peligrosa guerra, apoyado y protegido por EEUU (y por todos los Estados) sin que estos sin embargo puedan condicionarlo o frenarlo de manera significativa.<
Ante esta grave situación, nos posicionamos contra todas las guerras y el belicismo, al lado de los pueblos de la región medio oriental que pagan sus consecuencias, comenzando por el pueblo palestino.
Apoyamos y reclamamos la reacción de la población hebrea en Israel y en el mundo contra el gobierno Netanyahu y sus guerras y en solidaridad con el pueblo palestino.
Estamos al lado de los pueblos de Irán, ya oprimidos por el régimen teocrático de los ayatolás y amenazados por el belicismo de Tel Aviv.
Los Estados están en el origen de las guerras: no pueden ni quieren detenerlas. Es el momento de fomentar y desarrollar, ahí donde sea posible, una insurgencia pacifista contra las guerras, por la defensa de la vida y de los pueblos.
Corriente Humanista Socialista
14 de junio de 2025