Criminal represión en Colombia. Nos están asesinando.

Más de 30 muertos, agresiones y detenciones por doquier, disparos con balas de plomo, denuncias de desapariciones. «Nos están asesinando»; afirman los manifestantes, entre ellos muchas y muchos jóvenes, que desde hace días se movilizan contra la gestión gubernamental de la emergencia sanitaria. Impacta y conmociona el nivel de violencia de la policía y el Ejército colombianos que, bajo el mando del presidente Iván Duque, cómplice y secuaz de Álvaro Uribe, líder de la derecha colombiana y también él criminal democrático responsable de millares de muertes inocentes tras el pretexto de la lucha contra las guerrillas.
Colombia es un país históricamente surcado por la violencia, de las fuerzas represivas estatales, de las fuerzas paramilitares y de las guerrillas de narcos: no sorprende que desde el Estado la violencia sea la principal respuesta ante las movilizaciones, develando la brutalidad congénita de todas las democracias y de la colombiana en particular.
Así es de inhumana la política democrática y en especial Duque, que hasta el día de hoy –detrás de sus hipócritas llamados al diálogo de estos días– se sigue poniendo del lado de la policía y denuncia a los “vándalos”, a pesar de las denuncias de diversos sectores, en primer lugar de los organismos de derechos humanos. Es un hecho muy grave.
La protesta espontánea, generalmente pacífica, empezó a finales de abril contra la reforma fiscal promovida por la burocracia, hoy ya retirada, que preveía aun más sacrificios para una población que ya está padeciendo a causa del rápido aumento de los contagios por coronavirus y la extensión de la pobreza que alcanza al 40%. La deshumanización de la política democrática parece no tener límites.
Hoy más que nunca, la gente común necesita toda nuestra solidaridad.