Una vez más la violencia machista golpea. Ayer apareció el cuerpo sin vida de Olivia, de seis años, secuestrada por su padre junto a su hermana Anna, de un año, el pasado 27 de abril en Tenerife. Ayer también la expareja de Rocío, una joven de 17 años desaparecida el pasado 3 de junio en San Martín de la Jara (Sevilla), confesó haberla asesinado ese mismo día.
Nos solidarizamos con todos sus seres queridos, y nos unimos al dolor y la necesidad de reaccionar y movilizarse hoy de todas las personas, mujeres en primer lugar, que continúan aspirando a una vida mejor, más libre, más digna, y que por ello enfrentan el machismo en todas sus formas.
En ambos casos, como ocurre en la mayoría, los asesinos no soportaron que sus parejas acabasen con la relación íntima y rehiciesen sus vidas. El control y la posesión de las mujeres y sus hijos e hijas así como la frustración ante la autonomía de las mismas es el ADN del patriarcado que, en diversos grados, atraviesa todas las instituciones (estados, iglesias, familias) y cala en la gente común. Pero el género femenino no se resigna, emerge cotidianamente buscando una vida mejor para sí y los suyos, comenzando por los pequeños y las pequeñas, de quien es garantía permanente de amor y cuidado. Es esto lo que está en el origen de la brutalidad creciente de la violencia hacia las mujeres y los niños y niñas: un patriarcado puesto en crisis y un machismo contestado por la búsqueda de libertad y el protagonismo de las mujeres.
Es este el protagonismo del que queremos partir. Para reaccionar y luchar, recordando que sólo la lucha de las mujeres ha obligado al Estado a reconocer que los hijos e hijas de las víctimas de violencia machista también lo son y viceversa. Y sosteniendo el coraje de quienes individualmente batallan: como Itziar Prats, que aun espera que se reconozca la sordera de la Policía ante sus denuncias, que ha costado la vida de sus dos hijas; como Irune Costumero, que lucha contra quienes la separaron de su hija alegando el falso Síndrome de Alienación Parental.
Para crear contextos seguros en los que ninguna se sienta sola y defender la vida de las mujeres y los niños y niñas sin delegar esta defensa en los Estados. Para tejer una hermandad femenina que marque los contextos construidos también junto a los hombres mejores. Es lo que con humildad y determinación estamos experimentando en nuestros espacios de vida y compromiso, convencidas y convencidos de que la libertad de las mujeres es la libertad de todos.
