El monstruo Asad ha caído. ¿CUÁL SERÁ EL FUTURO PARA LOS PUEBLOS DE SIRIA?

Bashar al Asad, el último exponente de una dinastía de dictadores que ha martirizado Siria durante 50 años, ha caído. Es comprensible la satisfacción de muchos en Damasco y en Siria por la huida de un monstruo que ha ahogado en sangre la revolución de la gente común de 2011, que se desenvolvió bajo los lemas de la pacificación, de la dignidad y de la libertad. Asad, con el apoyo de Rusia e Irán y con el silencio cómplice de las democracias occidentales, desencadenó una terrible guerra civil que causó medio millón de víctimas y millones de refugiados.

Lo que ha determinado la caída del dictador ha sido la ofensiva de Hayat Tahrir al-Sham, que solo en 10 días ha conquistado militarmente las ciudades principales del país y, al final, Damasco. La HTS es una alianza que engloba a grupos yihadistas y que goza del apoyo de Turquía. Está dirigida por Al Jolani, en el pasado afiliado a Al Qaeda y colaborador de Al Baghdadi del ISIS. Son organizaciones reaccionarias que ya se habían distinguido en su tiempo por atacar ferozmente a la revolución, a los comités auto-organizados y a las mujeres, y que han gestionado con represión y mano de hierro los territorios bajo su control en Idlib. En la última fase, con astuto pragmatismo político, la HTS ha moderado la retórica y los rasgos integristas para ganar legitimidad y gestionar mejor los nuevos territorios ocupados militarmente.

Su fulminante avance y conquista de Damasco se explica por el hecho de que Asad se mantenía ahora en el poder gracias sobre todo a la presencia de tropas y de ayuda militar de Irán, Rusia y de Hezbolá, que, sin embargo, en la última fase se han visto empeñados en otros escenarios. Por otra parte, el régimen de Asad estaba cuestionado de todas formas por gran parte de la gente que ha permanecido en Siria, que se mantenía pasiva solo por el terror y las masacres.

La huida de Asad no significa el fin de las amenazas contra los pueblos sirios. Todo lo contrario. Los nuevos vencedores, la HTS y demás socios, más allá de sus declaraciones, representan una amenaza y un peligro para la libertad de las mujeres, para la convivencia entre los pueblos y para las esperanzas de la gente común.

Al mismo tiempo, siguen todavía en pie las instituciones de un régimen y de un Estado que practican la masacre y el terrorismo. Además, hay presiones internacionales y maniobras políticas dirigidas a mantener gran parte de estas estructuras mediante una «transición» y acuerdos entre el fuerzas del viejo régimen y los nuevos vencedores. Y, finalmente, como ya ha ocurrido en el pasado, potencias internacionales y regionales, desde Rusia a Israel, desde Irán a Arabia Saudí, están listas para beneficiarse del ulterior caos en el que puede caer el país, mientras la Casa Blanca de Biden sigue inerte y Trump parece desinteresarse, pero en Washington se seguirá tramando.

Como ya hicimos en la revolución de 2011 y, después, en la terrible guerra civil que siguió, es necesario posicionarse hoy, frente a caóticos y contradictorios desarrollos, al lado de los pueblos sirios en pos de la liberación y contra sus enemigos y falsos amigos.

Por la defensa de la libertad y de los derechos de las mujeres, de todas las minorías étnicas y religiosas de cualquier represión y violencia.