solidaridad con la lucha por una vivienda digna, contra la especulación inmobiliaria.

Manifestamos nuestra solidaridad con la lucha por una vivienda digna y contra la especulación inmobiliaria que atraviesa toda la península comenzando por Madrid. Compartimos los valores y los sentimientos de dignidad, de unión, de solidaridad y de justicia que, a raíz del desahucio de Maricarmen, están expresando estos días miles y miles de personas en las calles y las plazas de muchas ciudades. A partir de la dignidad de la misma Maricarmen, de la unión de sus vecinas y vecinos, de la solidaridad y la cercanía del Sindicato de Inquilinas, centenares de miles de personas las han hecho propias y han pedido justicia en las distintas manifestaciones y acampadas de los últimos días.

Vivimos en un país donde la dimensión vecinal ha sido un factor clave de agregación y de convivencia. Esta vida vecinal se ve duramente atacada desde hace años por la codicia de unos pocos, con alquileres cada vez más imposibles, centros pensados para el turismo de masas que transforma áreas de las ciudades, echando a parte de los vecinos fuera de sus barrios. Tampoco se deben subestimar los efectos de la intromisión digital en nuestras vidas, a través de smartphones y redes sociales, que limitan y debilitan la interacción y el conocimiento entre las personas. Sin embargo esta dimensión, el reconocerse y unirse como vecinas y vecinos, resurge como aspiración, búsqueda y experimentación concreta, como estamos viendo.

La movilización, como siempre ocurre, retrata a los actores políticos. Así, queda al desnudo una derecha y extrema-derecha que desprecia derechos básicos para la gente común, mientras la izquierda en el gobierno se siente interpelada y trata de responder, si bien tarde y muy parcialmente.

Antes que los posibles decretos (que hubiesen sido insuficientes, aunque contuvieran avances) y más allá de los debates político-electorales en el Congreso, celebramos la movilización por una cuestión existencial vital como es la vivienda que se ha desarrollado gracias a la unión en valores morales que son los que han motivado a las personas, abriéndose oportunidades de encuentro y de (re)conocimiento mutuo.

Los decretos fueron derrocados y sabemos que tendremos que seguir luchando por los derechos básicos que siempre fueron conquistados gracias a las movilizaciones populares. Esperamos que ahora no sea la rabia y la resignación lo que prime, sino la memoria de lo vivido en común. Esperemos que el ejemplo de las vanguardias de las movilizaciones (principalmente femeninas, como en el Sindicato de Inquilinas) pueda alimentar la unión y la colaboración en los próximos meses, conservando la dignidad y la justicia como motor de unión y de solidaridad.

2 de octubre de 2026