Con Giuseppe Prestipino. En la memoria y más allá

Claudia Romanini

Para nosotros, seguir hablando y escribiendo sobre Giuseppe, ahora que terminó su larga y rica existencia, no es solamente recordarlo, sino seguir viviéndolo, imaginarnos interrogándolo, entrevistándolo, dialogando con él. En todos los ámbitos, así como él estuvo disponible y nos solicitó a hacerlo desde que nos conocimos hace más de una década.
En 2007, de hecho, nos vino a encontrar a Casa al Dono, nuestro lugar de investigación y experimentación de una vida diversa y mejor, y fue allí donde nos conocimos por primera vez. Ya con más de 80 primaveras sobre la espalda, su curiosidad intelectual y humana, gracias a la relación tejida y renovada con Renato Scarola, lo impulsaba a conocer nuestra corriente de pensamiento y de acción y sus organizaciones hermanas, en particular la italiana –entonces Socialismo Rivoluzionario, hoy La Comune–, nuestras personas, inseparablemente de nuestras ideas. Giuseppe, filósofo e intelectual de gran
talla, también humana, sabía muy bien que encontrarnos teórica e idealmente no era fácil: él, que venía de décadas de compromiso social y político, primero en el Partido Comunista Italiano (del que fue dirigente nacional) y luego en Rifondazione Comunista; nosotros con una historia originaria y originalmente trotskista en vías de superación precisamente en aquellos años, y en plena fundación de una nueva teoría general de lo humano, humanista socialista. Y también nosotros lo sabíamos. Sin embargo, desde aquel primer encuentro, a través de los diálogos con Dario Renzi y con Renato, en los intercambios cordiales durante las comidas, en la cocina, donde se entretenía filosóficamente con Paula, en el patio o en la «sala de estar», donde podía encontrar a cualquiera de nosotros, atareados o con la intención de estudiar o discutir cuestiones grandes y pequeñas, empezamos a conocernos y a darnos cuenta del calibre humano, además de la profundidad intelectual, de Giuseppe.
Su formación comunista se entrecruzaba peculiarmente con sus estudios sobre Gramsci, del que ha sido uno de los mayores conocedores y ensayistas a nivel internacional, y su investigación cultural, con su originaria y nunca atenuada pasión por Kant y su “imperativo moral”, por Leopardi y Giambattista Vico, que contribuyó a que conociéramos. Un entrecruce que lo empujaba a no cesar su investigación de compromiso intelectual y humano por una diversa convivencia humana, la misma búsqueda que no encontraba en los ámbitos políticos que frecuentaba. También por esto vino a encontrarnos, escribiendo luego sobre ello en Il Manifesto (1) (“En la Casa de Rosa”) para darnos a conocer, intentando infringir el ostracismo al que esos mismos ámbitos nos había reservado (en la medida que podían) y llamándonos a superar una cierta clausura que entonces vivíamos.
Fue un conocimiento y un diálogo no lineal. Teníamos diferencias jamás escondidas y siempre abiertamente afrontadas, pero –creo– una voluntad recíproca de aprender lo mejor el uno de los otros y viceversa, de escucharse, conocernos y discutir en el marco de una investigación teórica y práctica por un camino diverso de autoemancipación.
Desde aquel primer encuentro, Giuseppe nunca perdió la ocasión, y nosotros con él, de cultivar y profundizar el conocimiento humano, ideal, teórico y práctico. Ha vuelto más veces a la Casa de la Cultura en los veranos de los años sucesivos y ha participado, hasta que sus condiciones físicas se lo han permitido, en muchas iniciativas de debate, públicas y no, que hemos organizado (desde el meeting sobre Rosa Luxemburg en Florencia en 2008, en ocasión del aniversario de su muerte, a las citas del Largo Verano en Vallombrosa dedicadas a Vico y sobre la perspectiva ética, hasta la Asamblea General de la corriente para discutir de el proyecto Hacia la comuna humanista socialista), invitándonos él al Encuentro Antirracista que organizó en Roma junto a otros amigos y colegas de la Universidad de Tor Vergata y Roma 3 en 2010, hasta publicar con Prospettiva Edizioni L’arte della memoria, dejándose entrevistar extensamente por Antonella Savio y por mí, superando las dificultades de salud y la distancia geográfica.
El diálogo tan rico y profundo construido con los años, en modo especial con Dario Renzi, lo llevó a autodefinirse, no sin su sutil y gentil ironía, como un “adherente heterodoxo de la Corriente Humanista Socialista”. Nos lo dijo sonriendo, porque nuestro diálogo se había convertido en amistad, siempre respetuosa en las convergencias y en las diferencias; nos lo dijo y nos lo repitió varias veces sonriendo porque nos había elegido, y el ligamen construido juntos era humano y humanista. No ha sido sólo protagonista de nuestra fundación teorético-general sino de nosotros mismos. Eligió estar con nosotros en la última, e intensa, fase de su existencia, después de haber vivido sin obsesiones su vida y su compromiso. Y también su partida ayer por la mañana.
Recordándolo, seguiremos activando nuestras facultades y nuestra conciencia por él, empezando por el próximo número impreso de La Comune (2).

(1) Diario italiano de izquierda (ndt).
(2) “La memoria chi vive”, por Renato Scarola en La Comune 364 del
28/09/2020 (ndt).

Publicado en La Comune Online (18/09/2020)