Elecciones catalanas 14F. Unos comicios lejanos de los intereses y de las esperanzas de la gente común

En los últimos años los momentos electorales catalanes: referéndum, elecciones autonómicas o legislativas, se han cargado de un significado especial debido al hecho de celebrarse en momentos llenos de esperanzas pero también de manipulación y represión política. Era cuando en Catalunya acontecían, como hace 3 años, movilizaciones importantes animadas por el sentimiento de independencia y de libertad de decisión. Era también cuando los partidos nacionalistas catalanes alimentaban falsas ilusiones acerca de la posibilidad de conseguir la independencia catalana en el marco del régimen español y la Unión Europea. Era cuando el Estado español, con todas sus instituciones, empezando por la Monarquía borbónica, contestaba con la represión y con el artículo 155, suspendiendo la propia autonomía catalana. Sucesivamente hemos asistido a la detención y a la injusta condena de los líderes independentistas mientras otros elegían el exilio.
Muchas de aquellas esperanzas de libertad y autodeterminación siguen vivas y el régimen español, incluyendo la Corona, no vive tiempos felices. Las elecciones del 14F, sin embargo, despiertan un interés visiblemente menor. Ciertamente esto es debido a una distinta percepción de las prioridades humanas, empezando por el peso sanitario, económico y psicológico que supone un año bajo la pandemia. También es debido a la distancia que se siente hacia la «clase política», ya sea a nivel estatal, autonómico o municipal. Los gobiernos, ya sean centrales u autonómicos, se perciben justamente como poderes más preocupados por su imagen que por defender la salud de las personas ante los peligros de la pandemia.
Estas elecciones además nacieron de la crisis del gobierno entre Junts y ERC y se convocaron para definir cuál de las dos principales fuerzas independentistas jugaría un papel preeminente en futuros gobiernos.
Se entiende por tanto el hartazgo y la escasa motivación que causa esta convocatoria electoral.
Hay más. Ante la nueva ola de contagios y con el cierre municipal, cuando todas las formaciones políticas eran partidarias de posponer las elecciones por razones de seguridad, han sido una vez más los tribunales quienes marcan la agenda política imponiendo la fecha del 14F. No es casual que, por miedo al contagio, miles de las personas a las que han llamado a componer las mesas electorales quieran darse de baja. Sin contar la sobrecarga de trabajo y la exposición al contagio que pesa sobre los trabajadores de Correos.
Cierto, los que participan en esta contienda, como siempre, no son todos iguales. Hay quienes, como Vox, han utilizado incluso estas elecciones para su campaña de odio y de racismo, que alienta los gravísimos ataques a las personas que están llegando a Canarias en estos días.
Sin embargo, más allá de las derechas, también las otras formaciones trasudan oportunismo.
La política se hace con los sondeos. Preguntarle a Salvador Illa. Siendo ministro de Sanidad, los sondeos le han señalado como un candidato en alza. Acto seguido ha dejado el gobierno en plena «tercera ola» de la pandemia para encabezar la lista del PSC. La Generalitat vale más que luchar contra la Covid-19. Y eso que, entre los candidatos, probablemente no sea de los peores.
Tampoco hay que olvidar que estas elecciones se celebran mientras sigue la vergonzosa detención de los presos políticos catalanes y mientras que otras y otros siguen en el exilio para huir de unas injustas penas de prisión.

Nosotras y nosotros de Socialismo Libertario no tenemos ninguna confianza en estas elecciones. Nuestra idea de la vida y nuestra propuesta de compromiso son alternativas a la hipocresía, la manipulación y la delegación que supone la política estatal.
Por estas razones, no participaremos en las elecciones del 14F. Nos solidarizamos por tanto con quienes no piensan acudir a votar o piensan abstenerse.
Entendemos también, sin embargo, a quienes quieren con su voto oponerse tanto a las derechas españolistas y a quienes apoyaron el 155, como a la derecha catalana, los herederos de Jordi Pujol, para los cuales también la “independencia” sólo es un argumento para seguir ocupando el poder en nombre de las minorías sociales privilegiadas.