Primeras consideraciones sobre el resultado de las elecciones catalanas del 14 F. Las urnas confirman posiciones sin ofrecer soluciones

Los resultados
El primer dato, previsible, de las elecciones catalanas ha sido la alta abstención. Ha participado solo el 53,55% de quienes tenían derecho a hacerlo. La escasa participación se ha debido a razones relacionadas con la pandemia pero también con cierto hartazgo hacia una campaña electoral realmente poco interesante. Cual sea la proporción de la incidencia entre estos dos motivos no es
fácil de calcular, pero no hay que subestimar el segundo porque expresa un grado significativo de desapego en relación a la política catalana. La alta abstención junto a las condiciones en las que se ha dado el voto por correo relativiza, no poco, el resultado electoral.
La abstención, sin embargo, no ha afectado de la misma manera a las distintas listas. Llama la atención la importante incidencia que ha tenido en todas las fuerzas independentistas: Junts, ERC y CUP, En Comú Podem (ECP), y en las derechas, Cs y PP, en favor de Vox. El PSC, en cambio, ha crecido en votos.
En relación a las elecciones autonómicas de 2017, el PSC ha subido 45.000 votos, Junts ha perdido 390.000, ERC 332.000, la CUP 7.000, En Comú 132.000, Ciutadans 940.000, el PP 77.000, mientras que Vox ha ganado 217.000.
En relación a los votos expresados se destacan algunos datos relevantes: el conjunto del voto independentista, con el 50,8%, por primer vez es mayoritario. ERC (33 escaños), Junts (32) y la CUP (9) pueden conformar mayoría parlamentaria.
El PSC (33 escaños) es la fuerza más votada en Catalunya y en 8 de las 10 ciudades con más de cien mil habitantes. En Comú defienden sus 8 escaños. Las derechas se desploman redefiniendo sus equilibrios internos. Vox obtiene 11 escaños, Cs 6 y el PP 2. El derrumbe de Ciutadans, de 36 a 6 escaños, con cerca de un millón de votos menos que en 2017, explica la irrupción de Vox, por un lado, y, más relativamente, la recuperación del PSC por el otro. Vox, de hecho, triplica los votos del PP ahondando su crisis.

Los resultados permiten algunas consideraciones.
La decadencia de la política democrática, que es un elemento de esta época histórica, y de la que la crisis del régimen español es una expresión, ha tenido y tiene en Catalunya una manifestación aguda. Se ha expresado también el 14 F, si bien de una manera quizás diferente que en los años anteriores.
Se confirma la polarización entre el voto a favor o en contra de la independencia. Sin embargo, la victoria de ERC en un terreno y la del PSC en el otro, premia a las fuerzas más dispuestas a buscar acuerdos, ya sea a nivel estatal que catalán, si bien se trate de dos partidos claramente alternativos en la contienda por la Generalitat.
Se manifiesta, como hemos visto, una mayoría de votos independentistas que confirma una mayoría parlamentaria de ERC, Junts y CUP. Sin embargo, por otro lado, también se registra una mayoría de la izquierda parlamentaria, ERC, PSC, CUP y En Comú. Las derechas españolistas, si bien bajo el inquietante liderazgo de Vox, no llegan al medio millón de votos, con un total de 19 escaños.
A escala estatal, el resultado supone un importante aval para Pedro Sánchez y el PSOE y un serísimo batacazo para Casado y el PP. En realidad, es toda la derecha española la que entra en una crisis aguda y acelerada.

¿Cuáles serán las consecuencias de estos resultados?
La victoria electoral del PSC supone un respaldo al gobierno Sánchez pero no supondrá, por el momento, un Govern liderado por Salvador Illa en Catalunya. ERC y Junts intentarán animar su conflictiva alianza de gobierno con papeles invertidos, con Aragonés, President, teniendo que contar con las condiciones que ponga la CUP y con una compleja implicación de En Comú. Es difícil que nos encontremos con cambios con respecto a lo vivido en los últimos años. Tampoco hay que esperar grandes cambios de cara a la relación entre España y Catalunya.

Por otro lado, las prioridades humanas, sanitarias, económicas y sociales de la gente común, también en Catalunya tienen que ver con exigencias hacia las cuales los gobiernos, ya sean centrales que autonómicos, han demostrado insensibilidad e ineptitud. Cierto, tampoco todos los gobiernos son iguales, y sin embargo nunca como en estos días las diferencias se han percibido como simples matices ante las convergencias demostradas tanto en términos de falta de previsión como de hipocresía y arrogancia.

Algunas reflexiones que suscitan estas elecciones
Como socialistas libertarios, en coherencia con nuestros principios y métodos, somos ajenos a la dimensión política y estatal y por tanto a sus expresiones electorales. Sin embargo, esto no quiere decir que, en determinadas circunstancias, no podamos expresar una orientación también de tipo electoral. De cara al 14F hemos manifestado una preferentemente postura abstencionista, comprendiendo sin embargo las razones de quienes querían expresarse en las urnas contra las derechas y reivindicar el derecho a decidir, votando ERC o a En Comú, o, especialmente, la CUP. En consecuencia creemos que estas elecciones ofrecen elementos de balance interesantes.
Si bien a través del filtro electoral, que limita y condiciona la expresión directa de opiniones y expectativas, el resultado del 14F permite algunas reflexiones generales. La primera es que el sentimiento de independencia sigue estando presente y consigue ser mayoritario en los votos expresados. Se manifiesta con menor entusiasmo y menor confianza hacia las fuerzas que pretenden representarlo, pero sigue presente. Es una actitud que conlleva el rechazo a la represión del Estado español y reclama la amnistía para las presas y los presos políticos catalanes mientras sigue reivindicando el derecho a decidir y la autodeterminación de Catalunya. El crecimiento, si bien modesto, de la CUP, en relación a ERC y Junts, premia, en este campo, a la fuerza menos comprometida con los poderes y las clases dominantes.
El éxito del PSC revela, a su vez, que en el electorado anti independentista crece una disposición menos alineada con la represión estatal. El PSC apoyó al 155 del gobierno Rajoy y las vergonzosas detenciones y condenas de los líderes independentistas pero, por lo menos, es proclive al indulto de las penas y aboga por una negociación entre el Estado y Catalunya.
Un reflejo de esta inclinación electoral es la profunda crisis de las derechas españolistas. La radicalidad represora de Ciutadans y PP les ha llevado a la más absoluta marginalidad mientras ha allanado el camino al trasvase de votos hacia Vox. El partido de Abascal expresa de forma más pura una orientación represora y anti catalana que ya existía. Sin embargo supone un nuevo peligro por la posibilidad de alentar y amparar la propaganda de odio y las conductas racistas así como
acciones de bandas fascistoides.
También de cara a este peligro, como en otras cuestiones, la mejor respuesta vendrá de la iniciativa solidaria, antirracista e interétnica. Más allá de los gobiernos y de las elecciones, nuestro compromiso está dirigido a animar el conocimiento, el compromiso y la comunión, en base a los mejores valores humanos, yendo al encuentro de todas las personas voluntariosas que, en Catalunya como en el resto de la península, estén interesadas en el diálogo y la reflexión.