Una certeza es que la pandemia continúa. Incertidumbre: tanta desde esta fecha en la que el estado de alarma llega a su fin y el gobierno central ha decidido no prolongarlo.
A partir de ese momento, como ya estamos viendo, serán las Comunidades autónomas junto con los Tribunales superiores y el Supremo quienes creen jurisprudencia. Quiere decir que continuaremos estando en un caos de gestión, cada comunidad con sus propias medidas y, según un Decreto Ley de la última semana, quien imponga y un criterio común será el Tribunal Superior de Justicia. Es decir, será el aval de las medidas de las comunidades que limitarán derechos fundamentales, de movimiento o de reunión.
Es verdad que existe un sentimiento difuso de recuperar algunas libertades. Podríamos pensar en millones de personas que querrían poder gozar de sus vidas plenamente, de reencontrar a seres queridos, de retornar a sus lugares de origen, de volver a vivir lugares de sociabilidad o de no tener tantas limitaciones… Pero detrás de esta decisión del gobierno sospechamos que se esconden otros intereses, que se comparten con el resto de Estados de Europa. Dicen apertura para “salvar el verano”, para la “recuperación económica”, pero ¿para quién? ¿Para acortar distancias con EEUU o China? Podemos imaginar que esta “apertura” será a costa del aumento de miles de contagios, cosa que seguramente prevén, pero en relación a los cuales no previenen.
Claro que cuando se trata de prevenir, los sujetos protagonistas podemos ser nosotros mismos. Significa pensar bien cómo estamos juntos, cómo podemos ser un bien si nos protegemos y protegemos. Hacer algunos sacrificios puede significar salvar vidas, el bien más precioso. ¿Podemos pensar la libertad como la posibilidad de estar junto a nuestras personas con seguridad? Ser responsables, como antes y más que nunca, depende de cada uno y cada una y no de la “sabiduría” de los poderes estatales. Como ejemplo de lo segundo tenemos la Comunidad de Madrid que amplía los horarios de los bares y restaurantes, elimina el toque de queda pero recomienda que las reuniones en los domicilios sean sólo entre convivientes.
