La guerra en el PP. La decadencia política y sus peligros.

La guerra interna en el PP es un compendio de las miserias y de las esencias de la política. Invirtiendo una famosa frase de un teórico de la guerra, resulta evidente que la política se presenta como “la prosecución de la guerra con otros medios” pero con la misma lógica. Maniobras y espionaje, chantajes y mentiras, cálculos de los tiempos y la correlación de fuerzas, ataques y contra ofensivas. El objetivo: la conquista de posiciones, posiblemente del poder, y la rendición o la destrucción del adversario. Que este pertenezca al propio bando es totalmente secundario. Solo depende del tipo de guerra.
Lo vemos, de la manera más miserable, en el PP. Pero lo hemos visto antes en el PSOE, en el independentismo catalán y hasta en Podemos. Es más, la lógica bélica es un valor, una condición permanente, subyacente a la profesión política.
En el caso de la guerra entre Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado los hechos son conocidos y casi no merece la pena siquiera resumirlos. Díaz Ayuso, ante un posible caso de “tráfico de influencias” a favor de su hermano, acusa a Casado de espionaje y chantaje. Esta sería su renuncia a liderar el PP de Madrid a cambio del silencio sobre un escándalo que hubiera podido destruirla.
El desenlace parece favorecer a la presidenta madrileña. Queda por ver hasta cuándo y hasta qué punto. El destino de Casado, en cambio, parece decidido.
Desde el voto equivocado del diputado del PP en el Congreso, que ha salvado al gobierno Sánchez de una durísima derrota sobre la Reforma Laboral, pasando por las elecciones fallidas en Castilla y León hasta la guerra abierta del PP de estos días, han pasado muy pocos días. Que el gobierno Sánchez o el destino de Casado, que el triunfo o la derrota, dependan de un error de voto ya nos dice mucho de la decadencia de la política. Más aún hablan las razones que explican cómo se llegó a este resultado. Como hemos escrito (ver SL nº143), la nueva Reforma Laboral no supone, lamentablemente, ninguna “derogación” de la anterior de Rajoy. Sin embargo, las razones de los que votaron en contra, ya fuesen aliados del gobierno como en la oposición, poco tenían que ver con el contenido de la ley y sí mucho con sus específicos intereses, ya sea de negociación, de desgaste o de derribo del gobierno Sánchez.
Fallida la emboscada parlamentaria a Sánchez y fallidas las elecciones castellano leonesas, donde el PP ahora puede formar mayoría sólo con Vox. El debilitado liderazgo de Casado ha recibido el ataque final de Díaz Ayuso. El nivel alcanzado en la lucha de poder en el PP y el relativo desgaste de la imagen del principal partido de la oposición suponen un problema para el régimen en su conjunto. Tampoco sorprende que para un partido acostumbrado a vivir de y con la corrupción, el espionaje y el chantaje interno, la probable comisión cobrada por el hermano de Ayuso por un contrato asignado a dedo para la compra de mascarillas –es decir, enriquecerse gracias a las relaciones familiares con el poder cuando en este país morían cerca de 700 personas al día por la pandemia– haya sido solamente una arma de presión que, una vez retirada, ya no tenga ningún valor moral ni, por supuesto, consecuencias penales.
Quien salga ganador del próximo congreso del PP tendrá en todo caso una tarea complicada: recuperar la credibilidad de un partido que además deberálidiar con el ascenso de la ultra derecha reaccionaria de Vox. Una combinación, la de las derechas españolas, que supone evidentes peligros para los derechos y las libertades de la gente común.