Primeras consideraciones del resultado de las elecciones catalanas Victoria del PSC y mucha incertidumbre.

Las elecciones, como se sabe, son siempre un espejo distorsionado de la realidad, que siempre es más compleja desde un punto de vista humano. ¿Qué han pensado las personas que no han ido a votar (cerca del 42% de los que tienen derecho a voto)? ¿Y las que han votado? Y fuera de Catalunya, ¿cómo se han vivido? ¿Qué importancia tienen en la vida concreta de las personas?

La jornada electoral empezó rara. Un robo en las vías de los trenes de cercanías, los rodalies, a principios de la mañana ,dejaba incomunicadas a gran parte de las zonas de Catalunya. Se preveía la abstención, pero no tanta. En pocos días se habían vivido cosas insólitas: los mítines de Junts fuera del país porque su principal candidato está en el exilio con riesgo de prisión si pisa territorio “español”; un reaparecido Sánchez “con más fuerza si cabe”, como dijo en su comparecencia para asegurar que no dimitía. Socios del gobierno central como Junts, enemigos en los comicios catalanes: “en elecciones no hay amigos” decían ambos. En la Universitat de Barcelona, un feo y aparente biombo tapaba a las y los jóvenes acampados por Palestina para que no se viesen desde donde se votaba.

Con qué coordenadas interpretamos la realidad, con qué mirada, es fundamental para comprender lo más profundo, más allá del momento puntual, importante pero coyuntural. Porque los datos y análisis periodísticos no explican las dinámicas de fondo, aunque sean en parte significativos, sino que éstos merecen una reflexión y mirada más atenta dentro del momento de confusión y de cambios que se está viviendo a nivel planetario, y, en otro plano, en estas tierras con sus particularidades.

Queremos tomarnos este tiempo. Mientras, os ofrecemos algunos datos, para ahondar en una reflexión y ofrecer algunas primeras valoraciones, de estas elecciones pero más en general sobre las dinámicas en este país.

Las elecciones catalanas tenían un valor específico, considerando la original dinámica de la realidad del país desde 2017. Su resultado ha evidenciado confirmaciones, y también aspectos de polarización nuevos y preocupantes.

La victoria del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), que por primera vez en su historia es el primer partido en votos (872.959) y escaños (42), es probable que se haya beneficiado de la “normalización” de la situación política y judicial en Catalunya impulsada por el gobierno Sánchez, con los indultos y la amnistía para los líderes independentistas. Es una victoria que se amplifica combinándose con la derrota de las fuerzas independentistas, Junts, Esquerra Republicana de Catalunya y la Candidatura d’Unitat Populat (CUP), que por primera vez en 12 años pierden la mayoría absoluta parlamentaria.

Derrota especialmente acentuada en el caso de ERC, que acelera una seria bajada, ya evidente en las municipales y generales de 2023. El de Esquerra es un descalabro (de 603.607 a 427.135 votos; y de 33 a 20 escaños) que penaliza la disponibilidad negociadora demostrada por el partido de Junqueras y Aragonés hacia el PSOE y que, por eso mismo, complica mucho ahora la posibilidad de un acuerdo entre la propia ERC, el PSC y Comuns Sumar para que Salvador Illa pueda ser investido como el próximo President de la Generalitat.

Junts en su campaña ha combinado la retórica independentista con la herencia de Convergència Democràtica de Catalunya y la bendición de la patronal catalana. El partido de Carles Puigdemont ha subido en votos (de 568.002 a 647.896) y escaños (de 32 a 35). Pero su resultado, inferior al PSC y sin mayoría independentista, podría indicar el fin del “procés”, es decir, de la esperanza de la independencia de Catalunya.

Dato significativo es el crecimiento de las derechas. El Partido Popular (PP), beneficiándose de la desaparición de Ciutadans (que, recordémoslo, en 2017 fue el primer partido con 1.109.723 votos y 36 escaños), vuelve a su mejores resultados del pasado (342.584 votos y 15 escaños). A su derecha, sin embargo, Vox mantiene sus 11 escaños y sube en votos, llegando a 248.554. En el Parlament entra además Aliança Catalana (AC), con 118.302 votos y 2 escaños. Resultados especialmente preocupante e indicativos. Vox y AC son dos fuerzas de extrema derecha, racistas y xenófobas que se identifican en un nacionalismo exacerbado y excluyente si bien de signo opuesto, españolista la primera, catalanista la segunda. Juntas han sumado 366.855 votos.

La victoria del PSC, de hecho, no oculta el crecimiento del voto de derechas con respecto al de izquierdas; también Comuns Sumar retrocede (de 194.626 a 181.795 votos y de 8 a 6 escaños), al igual que la CUP (de 189.087 a 127.850 votos y de 9 a 4 escaños). Las izquierdas parlamentarias (PSC, ERC, Comuns Sumar y CUP), más allá de la improbabilidad de que se puedan asociar, bajan de 83 a 72 diputados frente a las derechas que suben de 52 a 63. También en Catalunya la política se mueve hacia la derecha.

Los escenarios que abren estos resultados no son simples. En un plano general y en lo inmediato supone un aval a Pedro Sánchez. De hecho sus famosos “días de reflexión” y la movilización que se proponían provocar en las bases socialistas y en su electorado tenían la vista puesta también en las elecciones catalanas. Sin embargo, la “estabilidad” que auguran será, cómo casi todo en la efímera dinámica de la política, relativa. Mientras tanto en Catalunya, vista la complicada formación de las alianzas, las maniobras y los intereses partidistas no está descartada una repetición electoral.

Profundizaremos todo esto en nuestro próximo periódico, disponible el 22 de este mes.