Nueve meses después del terrible accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) donde chocaron dos trenes de alta velocidad, lo impensable se volvió a repetir el miércoles 28 de octubre, en la misma línea Madrid-Andalucía, cerca del pueblo de Urda (Toledo). Un AVE circulando a plena velocidad chocó con otro tren parado más adelante en la misma vía. Por el momento, se cuentan 69 muertos y un centenar de heridos, algunos muy graves.
Se repite la conmoción, el dolor por lo sucedido. Y, al margen de la importante labor de los servicios de emergencia, se expresa de nuevo lo mejor de nuestra humanidad. Los pasajeros menos afectados ayudando a otros. Los habitantes del pueblo de Urda y de otros pueblos vecinos precipitándose para ayudar, transportar a los heridos al pueblo, darles comida y agua, acompañarles con cariño. Filas interminables en los centros de transfusión de Madrid para donar sangre. Generosidad, solidaridad, empatía, cercanía humana: expresiones de las mejores características humanas. Son reacciones, gestos y sentimientos que nos acomunan.
Más allá de las miserias de la política que también se repiten, en particular con Vox aprovechando la tragedia para seguir de manera obscena con su campaña electoral, quedan muchas preguntas sobre las causas de la tragedia. Se ha hablado de fallo técnico y de errores humanos, pero sabemos que los sistemas de seguridad llevaban tiempo siendo cuestionados por los maquinistas. Precisamente por este motivo estaba convocada una huelga el 29 de octubre.
Como en el caso de Adamuz, se hablará de una concatenación de causas que hicieron que haya podido ocurrir algo supuestamente improbable. Pero, tendremos que reflexionar también sobre el aumento impresionante en los últimos años del tráfico ferroviario en las líneas de alta velocidad, inseparable de un “nuevo consumismo del viajar” y de ciudades que se venden a la turistificación. La lógica del modelo de alta velocidad no ha sido cuestionada por nadie desde la política: un modelo de explotación del territorio, de productividad empresarial que ha supuesto unas inversiones impresionantes, pero no en los sistemas de seguridad o en el mantenimiento de las líneas.
¿A quién beneficia todo esto? En contraste, las reacciones de solidaridad inmediatas ante esta última tragedia nos pueden indicar dónde buscar, dónde encontrar la dignidad y el bien de la vida.
30 de octubre de 2026
