Las elecciones en Aragón confirman las previsiones y se alinean con los resultados de otros procesos electorales en España y distintos lugares de Europa. El PP gana las elecciones pero pierde dos escaños (se queda en 26) y fracasa en el objetivo que le llevó a convocarlas anticipadamente, es decir, depender menos de Vox, que, sin embargo, duplica los suyos, pasando de 7 a 14. El PSOE confirma su previsible caída aunque se mantiene en el que hasta ahora era su peor resultado histórico: 18 escaños. Más problemática es la situación a su izquierda, que, una vez más, ha concurrido dividida: IU- Sumar mantiene su escaño, mientras Podemos se queda sin representación y prácticamente desaparece. Solo Chunta Aragonesista crece alcanzando los 6 escaños. Ante estos resultados estamos con la gente de izquierdas que hoy en Aragón siente preocupación por el avance de la extrema derecha de Vox, que condicionará de manera clara el gobierno del PP. Las elecciones no lo dicen todo, pero son un reflejo de la parte de la sociedad que se activa para votar, en este caso un 67,6% del censo. No es una buena noticia que las derechas (considerando PP y Vox) ganen casi 29.000 votos y que las izquierdas (considerando PSOE, IU-Sumar, Podemos y CHA) pierdan 30.000; nos habla de un aumento de las visiones machistas, racistas, xenófobas, terricidas y defensoras de los privilegios de unos pocos en gran parte de la sociedad, o al menos, de una tolerancia hacia todo ello. Por otro lado hay que considerar que por primera vez las elecciones autonómicas no han coincidido con las municipales, lo que ha perjudicado al PSOE que, a pesar de no gobernar ninguna de las tres capitales de provincia, es el que más alcaldías dirige.
Vivimos un marco general en el que los regímenes democráticos se vuelven cada vez más autoritarios y prepotentes, signo inequívoco de la decadencia de un sistema que prometía paz, seguridad y bienestar y que hoy aparece por lo que es sin mediaciones ni caretas. En este contexto, el Estado español representa una relativa excepción. No tenemos confianza en la democracia sistémica decadente, pero a la vez es urgente defender los espacios y libertades democráticas conquistadas con generosidad y empeño por la gente común. Es más, es urgente incrementarlas para que sean verdaderamente para todas y todos los que viven en estas tierras, nativos o inmigrantes. Son derechos y libertades puestos cada vez más en discusión, sobre todo por las derechas. Para ello es importante no caer en la resignación, reaccionar y movilizarse pero también preguntarse quién se quiere ser en el día a día, en nuestros centros de trabajo, de estudio, en nuestros barrios y pueblos.
Es posible ser promotores de solidaridad, acogida y buen conocimiento entre mujeres y hombres de diversos orígenes, etnias y credos. Así enfrentaremos mejor el racismo y la xenofobia que estas derechas propagan junto al fomento del individualismo y los privilegios de unos pocos.
Es posible responsabilizarse en la creación de ámbitos seguros y sanos para las mujeres, y entonces mejores para todos. Así combatiremos mejor el crecimiento de la misoginia y de la negación de la violencia machista.
Es posible ser protagonistas en la recuperación y el estudio de las historias de quienes con felicidad y esfuerzo se han empeñado en el pasado en abrir caminos para una vida mejor y también de los opresores que han tratado de impedírselo. Así denunciaremos mejor la cancelación, negación o tergiversación de la historia que cada vez se abre más camino.
Es posible vivir mejor en la naturaleza que nos circunda rescatando lo mejor de los modos de vida del pasado para adaptarlos a estos tiempos con sabiduría. Así combatiremos mejor los proyectos de quienes consideran la naturaleza y las otras especies como recursos a explotar en beneficio de unos pocos y en perjuicio de muchos, desde las macrogranjas a los grandes centros de datos pasando por trasvases, megaproyectos para las llamadas energías verdes o para el ocio y el turismo de masas.
Son posibilidades humanas, a descubrir y activar juntas y juntos, para que emerjan los mejores valores, la cercanía, el apoyo mutuo, la solidaridad, el respeto y el diálogo frente al odio, la prepotencia, la lógica del conflicto y de aplastar a toda costa al adversario que estas derechas propagan. Así defenderemos mejor nuestros derechos y libertades, pero sobre todo, comenzaremos a vivir mejor, a ser más y mejores humanos juntos en estos tiempos de deshumanización.
Socialismo Libertario
10 de febrero 2026
